
El virtuosismo y la refinada técnica de Viengsay Valdés hechizan a los espectadores, ella deslumbra todos desde que entra a cada escenario con el dominio del cuerpo, la soltura y espontaneidad de su baile, la profesionalidad con que asume las coreografías y los estilos, unida a la credibilidad que le inyecta a los personajes que interpreta, ya sean dramáticos, líricos, malvados, pícaros o seductores.
Indiscutiblemente su arte y su sencillez la hacen una las grandes expresiones femeninas de la escena cubana y su afamado desempeño como bailarina cubana ha conquistado largos aplausos, los corazones cubanos y de muchos amantes del arte en el mundo.
Como ella misma ha reconocido, el ballet es su vida. Desde muy pequeñita se sintió atraída hacia la danza, y con la ayuda de sus padres se encauzó hacia las escuelas de gimnasia rítmica y de ballet.
Su trabajo constante e incansable desde la mañana hasta la tarde, en busca del perfeccionamiento de los pasos técnicos y de adquirir cualidades nuevas, fue el método utilizado, a partir de exigirse cada vez más y entregarse con tenacidad a esa hermosa profesión.
Viengsay vive orgullosa de haber nacido en La Habana, real y maravillosa, que arriba este 16 de noviembre a su aniversario 500 y por estos días ella también está de cumpleaños.
A muchos llama la atención la singularidad de su nombre, poco común en Cuba, que tiene una procedencia laosiana, a partir de identificar la primera zona liberada en Laos tras la monarquía que vivió ese país hasta mediados del siglo XX, y significa “victoria”, algo que ella persigue con modestia en cada una de sus presentaciones como primera bailarina y una de las figuras insignia del Ballet Nacional de Cuba, además de desempeñarse desde principios de este año como subdirectora artística de la compañía.
Alumna de Alicia y Fernando Alonso, de las llamadas cuatro joyas del ballet cubano (Josefina Méndez, Loipa Araújo, Aurora Bosch y Mirta Plá) y muchos otros artistas y maestros forjadores de la gloria pasada y presente, esta artista insular ha obtenido numerosos reconocimientos de los amantes del arte de las puntas en los escenarios de los cinco continentes, a donde ha llevado su arte que es genuina expresión de cubanía y universalidad.
Entre sus interpretaciones magistrales destacan los personajes clásicos típicos de esa compañía como Giselle, Carmen, la princesa Aurora de La bella durmiente, el Hada del Azúcar en Cascanueces y la Swanilda de Coppélia. Excepcionales han sido la Kitry de Don Quijote y los cisnes blanco (Odette) y negro (Odile) de El lago de los cisnes.
De Viengsay muchos expertos, y el público en general, resaltan su velocidad y audacia, su talento, la elegancia y expresividad en sus movimientos, su brillante interpretación artística, acompañada de la reconocida calidad de los bailarines de la compañía danzaria, dirigida por la Prima Ballerina Assoluta Alicia Alonso hasta su reciente deceso.
Mucha dedicación palpita tras la ascendente carrera de esta primera bailarina, capaz de mantener interminables equilibrios, dar la velocidad justa a sus saltos y giros, técnicamente brillantes e ininterrumpidos, y dar un largo y prolongado balance en punta que provoca suspiros e interminables aplausos.
Además de los merecidos reconocimientos internacionales, donde está su ubicación en el sexto puesto del listado mundial en el que figuran los 100 mejores bailarines del mundo en la temporada 2010-2011, el Ministerio de Cultura de Cuba le ha otorgado la Distinción por la Cultura Nacional (1999), las medallas Alejo Carpentier (2003) y Raúl Gómez García (2014), en tanto la Asociación de Artistas Escénicos de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) le concedió el Premio de Interpretación Femenina en 2009, y el Lorna Burdsall, en 2015.
Quienes deseen profundizar en la vida de esta joven destacada pueden acercarse a su biografía, que bajo el título De acero y nube es el volumen con que la Editorial Letras Cubanas y Ruth Casa Editorial han querido reseñar su consagrada vida al servicio de las artes.


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