
Hay hechos en la historia cubana que destacan por su ensañamiento y por el odio de sus autores. Los ejemplos pudieran ser muchos a lo largo de más de 150 años de luchas por la independencia. Pero la fecha del 27 de noviembre de 1871 todavía guarda el dolor de la pérdida de ocho vidas en plena flor de su juventud, estudiantes inocentes del primer año de Medicina.
Mucho se ha escrito en torno a las circunstancias en que ocurrieron los sucesos. Cada cubano, sea niño, joven o adulto, conoce con detalles de la falsa acusación a la que fueron sometidos y por la que fueron fusilados, hace exactamente 147 años.
El presente trabajo incursiona en aspectos poco conocidos y divulgados, relacionados con los destinos que tomaron aquellos ocho cuerpos sin vida, víctimas de la crueldad sin límites de los colonialistas españoles, que en realidad perseguían tratar de frenar los intentos separatistas de los patriotas cubanos. Al decir de Martí, este hecho “expresó el alma rencorosa y cruel de España en América”.
Los cuerpos inertes fueron llevados en un carretón tirado por caballos hasta una fosa común anónima, en la tierra, ubicada en San Antonio el Chiquito, donde se arrojaron en absoluto silencio, sin féretros y sin el adiós de sus familiares, que tampoco tuvieron el derecho de reclamar sus cadáveres.
Transcurridos 16 años fue descubierto el sitio de enterramiento y exhumados sus restos, los cuales fueron trasladados hasta la capilla de la familia Álvarez de la Campa y dos años después, el 27 de noviembre de1889, se les ofrece una ceremonia religiosa en la capilla central del propio lugar, ya nombrado Cementerio de Colón. Luego fueron llevados muy cerca de allí hasta el lugar donde reposan hoy: el Mausoleo a los Ocho Estudiantes de Medicina.
Ese Mausoleo se edificó por suscripción pública, con la recaudación de uno 30 mil pesos y fue esculpido a partir del diseño del cubano José Vilalta de Saavedra, escogido entre 25 proyectos. La obra del escultor recoge muchos símbolos como la falta de justicia, la inocencia, el luto, el dolor, las ciencias médicas y en la base del monumento las efigies de los ocho estudiantes. Aquí se conservan también las cenizas de Fermín Valdés Domínguez, quien había probado la inocencia de los jóvenes.
Muchos han sido los homenajes ofrendados durante casi siglo y medio a los valientes estudiantes. El 27 de noviembre de 1946, a nombre de la Escuela de Derecho de la Universidad de La Habana y en representación de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU), Fidel Castro pronunció su primer discurso registrado en la prensa de la época, en un acto con motivo del aniversario 75 del fusilamiento de los estudiantes de Medicina. El escenario fue el propio Cementerio de Colón, cerca del panteón que guarda sus restos.
Según el periódico “Avance Criollo” que circulaba en aquella fecha, Fidel comenzó su discurso citando varias frases de José Martí y destacando en sus palabras su profundo sentir: “Venimos ante los muertos que quiere la patria, aunque no están, porque la patria los quiere” y continuaba “venimos ante ellos para demostrar que jamás serán olvidados porque fueron los que establecieron con su sacrificio una conciencia nacional”.
También en esa ocasión expresó que no se podía hablar de mártires sin hacer referencia al denigrante espectáculo que se estaba presenciando en la patria cubana, momento que además aprovechó para atacar directamente al Ministro de Educación en cuanto a su política y sus actitudes.
En el discurso de ese día Fidel, que apenas contaba con 20 años, afirmó que figuras del gobierno contribuían a matar de hambre al pueblo: “Este gobierno ha sido peor que los anteriores que ha matado la fe de todo el pueblo”.
Se conoce a través de testimonios, tres años antes Fidel también había honrado a los ocho estudiantes de Medicina. Entonces cursaba el 4to. Año de Bachillerato en el Colegio de Belén y reunió recursos para comprar una ofrenda floral que, junto a otros tres compañeros de estudio, depositó ante el monumento que se erige en el lugar donde fueron asesinados, en la explanada de La Punta.
Tal vez aquel 27 de noviembre de 1943 el sencillo homenaje de esos cuatro alumnos guiados por Fidel era, en medio de la asfixiante corrupción y dependencia norteamericana que reinaba en el país, el único tributo que se le brindaba a los jóvenes mártires ese día.
Como es tradición, este 27 de noviembre los estudiantes de Ciencias Médicas, universitarios de distintas especialidades y de otros niveles de enseñanza realizarán la histórica y combativa marcha desde la escalinata de la Universidad de La Habana hasta al Monumento situado en la Plaza de La Punta, e inaugurado en 1921, lugar donde esos dignos jóvenes fueron fusilados.-