
Este último día de septiembre, cumpliría 100 años, la llamada “gran dama del diseño escénico en Cuba”, María Elena Molinet de la Peña, quien hasta hace sólo seis años, entregaba de disímiles maneras, junto a su diáfana sonrisa, un caudal de sabiduría y experiencia sobre el arte de diseñar vestuario y crear la imagen exacta, para cada puesta en escena de producciones en la grande y pequeña pantallas y en el teatro.
Sus sobresalientes dotes como dibujante de trajes, creadora, están coronadas por el minucioso y acertado trabajo de investigación sobre la época y el momento histórico en que cada pieza y sus accesorios iban a ser utilizados en el contexto escénico.
También su creación se recoge en sus obras escritas; La piel prohibida; Teoría de la imagen del hombre en Cuba; Historia de la imagen del Hombre Universal y, Vestimenta tradicional de la santería cubana.
Su trabajo quedó plasmado en la cinematografía cubana en películas como Lucía, en su segundo cuento, y las cintas María Antonia y Bailando Chachacha, y se vinculó en el quehacer, a hechos históricos relevantes de la sociedad cubana de las últimas décadas que fueron reflejados por representativos cineastas cubanos como Enrique Pineda Barnet, Tomás Gutiérrez Alea y Humberto Solás, entre otros.
El Conjunto Folclórico Nacional de Cuba se sirvió de la sabiduría de esta profesora e investigadora para el uso del vestuario de bailes como el guaguancó, el danzón y las habaneras.
Tales dotes artísticas de Molinet estuvieron avaladas y enriquecidas por el saber adquirido en la Escuela de Artes Plásticas de San Alejandro, de la que se graduó. Moldeadas en su bregar como fundadora y miembro del Consejo Nacional de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), y por su quehacer en el Consejo de Expertos de la Dirección de Teatro y Danza del Ministerio de Cultura de Cuba, y se internacionalizó con su condición de miembro de la UNESCO.
Por sus lauros, mereció el Premio Nacional de Teatro en el 2007, además del de Diseño y de la Enseñanza Artística, ambos en el 2006. Y los últimos tiempos de sus 94 años, los consagró a la dirección del Centro de Investigaciones, Información y Diseño, sobre la Imagen del Hombre.
Los que la conocieron hablan de su estirpe mambisa, pues fue hija del General de las Guerras de Independencia de Cuba, Eugenio Molinet. La escritora cubana Estrella Díaz, autora del libro “María Elena Molinet. Diseño de una vida”, dijo que esta condición la signó y la dotó de una ética que la acompañó intacta, durante sus más de nueve lúcidas décadas de fructífera existencia.
Al referirse al tiempo que pasó “en complicidad” con María Elena para escribir ese volumen, la autora comentó que “me develaron una mujer fascinante que, sin dejar de soñar y de amar, vivió con los pies puestos en la tierra, en esta tierra que la vio nacer y morir y que tanto amó”.

La filósofa cubana, Isabel Monal, refiriéndose a las historias que la Molinet relata sobre su vida a la autora del libro, expresó: “El conjunto de todas estas narraciones son, a no dudarlo, interesantes y apasionantes, pero, el análisis y el desentrañamiento de cómo finalmente descubrir y llegar a conformar la verdadera vestimenta de los mambises, constituye una joya por su lucidez y rigor conceptual, el último eslabón de la cadena de indagaciones y creatividad artística trenzada con cuidado durante décadas, y que culmina, de manera casi natural, con la idea creadora de la “imagen del Hombre”.
Y, por supuesto, así es María Elena Molinet, así se inserta en la historia de los grandes del diseño, así moldeó y esbozó su existencia, que entregaba con franca y alegre sonrisa y su propio atuendo sencillo, adornado a lo cubano.
Diríase, de su obra y su presencia, que es el divino legado que deja María Elena acerca de la historia de Cuba a través del vestir de las distintas épocas y clases sociales.