Por su importancia y trascendencia, el Proyecto de Constitución de la República de Cuba se analiza ampliamente en diversos sectores de la población, a lo largo y ancho del país, y se sitúa en el mismo centro de la polémica, como fuente de derecho, en la observancia de la legalidad y el respeto a los derechos y deberes ciudadanos.
En ese hilo conductor, los debates en torno a la cultura y a la política cultural cubana también han sido variados y profundos, orientados a hacer fehacientemente de esta la muestra palpable del conjunto de rasgos definidos, espirituales y materiales, intelectuales y afectivos que caracterizan a la sociedad, abarcando además de las artes y las letras, a los modos de vida, los derechos fundamentales del ser humano, los sistemas de valores, las tradiciones y las creencias, partiendo de su definición en sí misma.
Insertada entre los derechos individuales, el Proyecto de Constitución que hoy se enriquece con los criterios del pueblo contempla de manera destacada que “el Estado garantiza a todos los ciudadanos la cultura, además de la vida, la libertad, la justicia, la seguridad, la paz, la salud, la educación y su desarrollo integral”. Es decir, se sitúa a la cultura en el perfecto espacio básico de ser un instrumento de transmisión de valores éticos por excelencia y, por ende, en un principio insoslayable para preservar las conquistas de la Revolución.
Dentro de los principios de la política educacional, científica y cultural, el artículo 95 establece que “el Estado orienta, fomenta y promueve la cultura en todas sus manifestaciones, así como promueve la participación de los ciudadanos en la realización de su política cultural”, partiendo de la premisa de garantizar la forma más viable de alcanzar las aspiraciones creativas del hombre.
El actual Proyecto de la ley de leyes señala asimismo que “el Estado se atiene al postulado de defender la identidad y la cultura cubana, velar por la riqueza artística, patrimonial e histórica de la nación y por su salvaguarda”, considerando esencialmente la identidad como ese sentido de percepción, conciencia, modo de actuar, pensar y crear de los miembros de la sociedad acerca del medio natural y social en que se desenvuelven.
El Proyecto de Constitución que se debate asume que “la creación artística es libre y en su contenido respeta los valores de la sociedad socialista cubana, atendiendo a que las formas de expresión del arte son libres”, e incluye además que “con el propósito de elevar la cultura del pueblo, se fomenta y desarrolla la educación artística, la vocación para la creación, el cultivo del arte y la capacidad para apreciarlo”.
Es indiscutible que como parte de esa creación se inserta el aporte de los actuales creadores, en el afán de que esta sociedad cada vez más instruida llegue a ser efectivamente más culta en todos los sentidos.
Ahí se contemplan además, sin dudas, aquellas referidas a la formación y desarrollo de los módulos culturales de cada municipio, los museos, las Casas de Cultura, la labor comunitaria de sus promotores y corresponsales, la inserción de estudios socioculturales al más alto nivel de enseñanza, entre otras muchas acciones que son cotidianas en los barrios de todo el archipiélago cubano.
En ese sentido, se considera que es también la hora de afianzar los valores éticos y estéticos, consolidar aún más las tradiciones, enriquecer, estimular la vida espiritual y alcanzar el desarrollo de la identidad cubana para sentar las bases de la sociedad sostenible y próspera que se quiere construir.
De la amplia discusión en torno a estos y otros temas, es indudable la voluntad del Estado y del pueblo, con su pleno apoyo, de continuar la obra cultural de la Revolución como fragua imperecedera y con el urgente e imprescindible genuino reclamo de orden, disciplina y exigencia en que el país está empeñado, conscientes de que la cultura es el gran patrimonio humano, el conjunto de valores que sostiene la sociedad y el espíritu de la nación.