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Una Casa grande para la América Nuestra |
| Publicado: 2019.04.29 - 07:57:50 / web@renciclopedia.icrt.cu / Daynelis Rodríguez Peña |
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Majestuosa a la vista por su innegable expresión arquitectónica Art Deco, la Casa de las Américas, a solo metros de las cálidas aguas que bañan el malecón habanero permanece desafiante al tiempo.
Singular regalo desde Cuba a un Continente, que a partir del 28 de abril de 1959 y bajo el amparo de la Ley No. 229 del gobierno revolucionario, hizo que el pensamiento descolonizador latente en nuestros países, a través de los intelectuales y artistas, traspasara las fronteras de sus puertas, tomara asiento y mediante el análisis ayudara -como valoró el escritor uruguayo Eduardo Galeano (1940-2015)-, “(…) a descubrir América y las muchas Américas que América contiene (…)”.
La Casa sexagenaria, es de todos. Y a ese sentido integracionista su fundadora y eterna presidenta, Haydée Santamaría Cuadrado (1923-1980), se consagró. Su nombre y legado, su Centro de Estudios del Caribe hacia 1979 y su incansable gestión por brindar a los intelectuales de la Patria Grande una oportunidad de encuentro, hicieron de la institución un puente que enlazó la realidad cubana con el exterior, cuando el Imperio conspiró para aislar a Cuba del Continente en los primeros años del triunfo.
Devino entonces La Casa y la persistencia de los hombres latinoamericanos de pensamiento y acción, auténtico nexo de hermandad entre nuestros pueblos, demostrando que ante el odio enemigo de aislarnos y asfixiarnos económicamente, solo una cosa no se podía asediar: la cultura.
Así lo comprendió también el dramaturgo argentino Osvaldo Dragún (1929-1999), para quien lo cultural es una de nuestras mayores fortalezas. “La gente de la cultura de América Latina está entrenada para una cultura militante, que tiene que ver con la historia social y política de sus países”.
En estas seis décadas de historia múltiples nombres lo evidenciaron. Gabriel García Márquez, Julio Cortázar, Alejo Carpentier, Oswaldo Guayasamín, Chico Buarque, Mercedes Sosa, Mirta Aguirre, Manuel Galich, Roque Dalton, y tantos otros que bajo ninguna circunstancia dejaron morir lo que en la Casa vivieron, a pesar de los obstáculos políticos del momento.
“Muchos de nosotros nos conocimos aquí, dialogamos aquí, intercambiamos aquí por vez primera experiencias y opiniones sobre la vida artística de nuestros respectivos países”, diría el poeta Mario Benedetti (1920-2009), quien advirtió que la CA no hubiera llegado a la proyección que alcanzó sin la lucidez, el entusiasmo y comprensión que supo imprimirle la heroína del Moncada.
Actualmente, presidida por el ensayista cubano Roberto Fernández Retamar, la institución investiga, auspicia, premia, publica y promueve la obra de escritores, artistas de las artes plásticas, músicos, así como de estudiosos de la literatura y las ciencias sociales de la región.
Su gestión, va mucho más allá de las fronteras de su Premio Literario, de gran prestigio en el mundo, y el que además de afianzar las relaciones culturales entre los pueblos del Continente y el Caribe, estimula la producción e investigación en zonas poco tratadas como la literatura caribeña de expresión inglesa y francófona, la brasileña, la indígena y los estudios sobre la mujer.
En cada una de sus paredes, de sus salas, de sus micrófonos siempre habrá un testimonio vivo que contar vinculado al Movimiento de la Nueva Trova, a la Fundación del Nuevo Cine Latinoamericano -avalada por la firma de 24 reconocidos cineastas de la región-, o a las esperadas jornadas de Mayo Teatral y el popular Encuentro de Pensamiento Joven “Casa tomada”.
La Casa Grande de Nuestra América llegó a sus 60 e identifica entre sus nuevos retos su presidente Roberto Fernández Retamar, el hecho de “conservar y si es posible incrementar las relaciones culturales con países del subcontinente que viven una situación política negativa”.
De esta forma, los principios integracionistas del ayer se vuelven brújula para el trabajo presente, legitimando a la Casa como un espacio común, de encuentro, diálogo y reflexión, para todos los artistas, intelectuales y escritores que decidan acercarse a ella, sin más excusa que la cultura.
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