
La conmemoración cada 10 de diciembre del Día de los Derechos Humanos hace recordar la aprobación su Declaración Universal ese día de 1948, hace siete décadas atrás, y uno de sus artículos esenciales: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”.
No obstante este enunciado, que junto a otros 29 conforman el importante documento, la realidad de los países subdesarrollados y muchos marginados de las sociedades industrializadas dista mucho del logro de esos derechos y de la igualdad necesaria para el desarrollo pleno de la vida.
Baste echar una mirada al mundo para conocer cuánto de desigualdades, discriminación, racismo, pobreza, insalubridad, falta de perspectivas de desarrollo y acceso social poseen los pueblos, muchas veces también desplazados de sus tierras e ignorados.
La obra profundamente humana que ha edificado la Revolución que triunfó en 1959 “de los humildes, por los humildes y para los humildes”, como ratificara el Comandante en Jefe Fidel Castro en sus años fundacionales, renueva día a día su compromiso contra toda discriminación en la lucha por un mundo de justicia, libertad e igualdad para todos. La vida ha demostrado con creces que es mejor apostar por el bien común de la humanidad.
Cuba ha trabajado intensamente por borrar siglos de marginación e injusticia sufridos por su pueblo antes de la Revolución y se ha propuesto elevar la educación y la cultura hasta planos nunca antes alcanzados, lo cual ya es algo palpable en todos los sectores de la población.
Ha sido loable el esfuerzo por lograr niveles de igualdad, justicia social y participación ciudadana, así como continuar perfeccionando la sociedad, hacer cada vez más participativo y eficiente su sistema político, que es incomparablemente más democrático que el de otras sociedades que acusan con sistematicidad al mayor archipiélago de las Antillas de no serlo.
La sociedad cubana avanza cada vez más en sus logros humanos y en la tolerancia, fortaleciendo esa sensibilidad social, libre de egoísmos, con arraigadas convicciones humanistas y un pueblo que hace realidad cada día el legado martiano de “Patria es Humanidad”.
La sociedad cubana tiene como centro al hombre y la elevación de su dignidad, sin comulgar con la violencia, la represión o el engaño. Cuenta con su ética, su moral y no acepta amenazas ni presiones de ninguna índole, mucho menos de Estados en cuyos países se violan sistemáticamente los derechos humanos ante los ojos del mundo.
Sin embargo, hay mucho por repasar todavía en lo que se ha hecho y avanzar más en el propósito de lograr una sociedad cada vez más justa. En ese objetivo hay que enfatizar para erradicar del imaginario colectivo y de los patrones culturales formados durante siglos toda forma de discriminación racial, machismo, homofobia, violencia física y psicológica contra la mujer, así como posibles diferencias de oportunidades de realización personal que no respondan al resultado de un esfuerzo.
El Proyecto de Constitución de la República de Cuba, que acaba de ser discutido en diferentes escenarios del amplio espectro de la sociedad cubana, no se limita a contemplar ampliamente la protección y garantía de los derechos y libertades de los cubanos en consonancia con los que establece la Declaración Universal, sino que va mucho más allá por cuanto es más abarcador.

Resulta innegable todo lo que se ha hecho en materia de programas y proyectos en beneficio de los diferentes sectores poblacionales, con especial énfasis en niños, adolescentes, jóvenes y ancianos. A ello se une la ayuda solidaria que brindan decenas de miles de profesionales cubanos de la salud, de la educación y de otras ramas en decenas de pueblos del mundo, como digna expresión de internacionalismo.
Y Cuba continúa dando muestras al mundo de todo lo que se puede hacer en materia de derechos humanos, aún con pocos recursos, cuando se tiene a favor la voluntad política del Estado y la comprensión amplia del alcance del conjunto de los mismos para el hombre.
Los parques y las calles cubanas resaltaron este 10 de diciembre la alegría de vivir en esta Patria con derechos, fueron múltiples las opciones para todas las edades y no faltó el canto a la vida, esa por la que tanto apuestan todos los cubanos.