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Un día internacional para los trabajadores

Publicado: 2012.04.29 - 21:00:41   /  web@renciclopedia.icrt.cu  /  Daynelis Rodríguez Peña
  

Mártires de Chicago
“La primera y gran necesidad del presente, para liberar al trabajador de este país de la esclavitud capitalista, es la promulgación de una ley por la cual la jornada de trabajo deba componerse de ocho horas en todos los Estados de la Unión Americana. Estamos decididos a todo hasta obtener este resultado”.


Cuentan que fue enérgico el 1ro. de mayo de 1886 en los Estados Unidos. Afirman que la huelga general, por la jornada de ocho horas, detonó de costa a costa, paralizando más de cinco mil fábricas en el país.

La fecha se esperó ansiosa y, cuando llegó por fin, la orden fue precisa: ¡A partir de hoy, ningún obrero debe trabajar más de ocho horas por día! ¡Ocho horas de trabajo! ¡Ocho horas de reposo! ¡Ocho horas de recreación!

Inmediatamente en Nueva York, los obreros fabricantes de pianos, ebanistas, barnizadores y trabajadores de la construcción conquistaron el ideal sobre la base del mismo salario. Y hasta los panaderos y cerveceros obtuvieron la jornada de 10 horas con aumento de salario.

En la ciudad de Pittsburg el éxito fue casi completo y, en Baltimore, se puede decir que igual. Sin embargo, en Chicago, las protestas se tornaron violentas y no culminaron ese mismo día.

En la jornada siguiente se percibió un ambiente caldeado y, para el día tres, siguieron las injurias y pedradas hacia los ciudadanos. A tal punto que un grupo de policías, cayó sobre la muchedumbre desarmada y, sin aviso alguno, procedió a disparar a quemarropa sobre ella. Seis muertos y varias decenas de heridos fue el saldo de la acción policial.

A raíz de los sucesos, comenzó a circular una vibrante proclama escrita por el periodista Adolfo Fischer, y que luego sería usada en su contra: “Trabajadores: la guerra de clases ha comenzado. Ayer, frente a la fábrica McCormik, se fusiló a los obreros. ¡Su sangre pide venganza!

¿Quién podrá dudar ya que los chacales que nos gobiernan están ávidos de sangre trabajadora? Pero los trabajadores no son un rebaño de carneros. ¡Al terror blanco respondamos con el terror rojo! Es preferible la muerte que la miseria.

Si se fusila a los trabajadores, respondamos de tal manera que los amos lo recuerden por mucho tiempo.

Es la necesidad lo que nos hace gritar: “¡A las armas!”.

Ayer, las mujeres y los hijos de los pobres lloraban a sus maridos y a sus padres fusilados, en tanto que en los palacios de los ricos se llenaban vasos de vino costosos y se bebía a la salud de los bandidos del orden...

¡Secad vuestras lágrimas, los que sufrís!
¡Tened coraje, esclavos! ¡Levantaos!”.

La proclama terminó convocando a una gran concentración de protestas para el 4 de Mayo, a las cuatro de la tarde, en la plaza Haymarket. El resultado: 15 000 personas reunidas, empeorando la situación cuando se arrojó un objeto humeante hacia las filas de los policías, causándoles la muerte a un número de ellos.

Esa misma noche, Chicago fue puesto en estado de sitio, se estableció el toque de queda y la tropa ocupó militarmente los barrios obreros. Al día siguiente, la nación estaba conmocionada por los sucesos y la gran prensa no reparó para calumniar a radicales, anarquistas, socialistas y trabajadores extranjeros, sobre todo a los alemanes.

El 5 de mayo, el diario “The New York Times” daba por hecho que los anarquistas eran los culpables del lanzamiento de la bomba. Y la policía, al mando del capitán Michael Schaack, realizó una batida contra 50 supuestos “nidos” de anarquistas y socialistas y detuvo e interrogó de manera brutal a unas 300 personas.

Aunque la lucha contribuyó a que, desde el mismo 1ro. de Mayo, 25 000 obreros regresaran a sus casas con la certeza de las horas justas de trabajo, los horrendos crímenes no terminaron. Resulta que un año y medio después, cuatro de los líderes obreros fueron ahorcados. Por eso se afirmó que cuando los Mártires de Chicago subieron al cadalso, concluyó la fase más dramática de la presión de las masas asalariadas, en Europa y América, por limitar la jornada laboral.

Explosión en Plaza Haymarket

 
 
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