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Teatro Alhambra: símbolo sublime de la cultura cubana |
| Publicado: 2019.09.13 - 14:51:44 / web@renciclopedia.icrt.cu / Ana Rosa Perdomo Sangermés |
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Inaugurado el 13 de septiembre de 1890, en la misma esquina donde estuvo todo el tiempo que permaneció abierto (en la intersección de las calles Consulado y Virtudes, en el centro de La Habana), el Teatro Alhambra inicialmente se dedicó al género chico con la zarzuela española y, dadas las temáticas que abordaba, no gozó de habitual concurrencia entre los capitalinos.
Poco después incursionó en obras teatrales de sabor netamente criollo, con textos picarescos de amor y coqueterías, que eran muy aceptadas por hombres que se convirtieron en público exclusivo. Puede decirse que una década más tarde, a partir de noviembre de 1900, este teatro se convirtió en uno de los sitios más frecuentados de La Habana y así se mantuvo durante los sucesivos 35 años, llegando a ofrecer la temporada teatral más larga de las que se conocen.
Promotor fundamentalmente del sainete, el Alhambra presentó continuados espectáculos del bufo cubano y la comedia, lo cual ha quedado recogido muy bien en libros y películas que llegan hasta estos días, como La bella del Alhambra estrenada en Cuba en diciembre de 1989. Su especialidad eran los sainetes costumbristas, políticos, de solar y la revista de actualidad.
Según recogen las investigaciones realizadas al respecto, en el Teatro Alhambra los espectadores disfrutaron dos mil obras costumbristas de gran arraigo popular, en tres tandas diarias de presentaciones, que reflejaban la Cuba de aquella época y mostraban personajes pintorescos como el negrito, el gallego, el chino y la mulata, por solo citar los más representativos.
Es así como figuras como Candita Quintana, Blanquita Becerra, Zenia Marabal, Gonzalo Roig, entre otros destacados de la escena, ofrecieron su música y su actuación inigualable, como también lo haría más tarde el actor y humorista Enrique Arredondo.
Piezas teatrales como La isla de las cotorras, La danza de millones y El rico hacendado estuvieron entre las más aceptadas y aplaudidas por el público, atraído por la calidad de los actores (fundamentalmente de Ramón Espígul y Arquímides Pous que actuaban como negritos), la música exquisita y la actuación de bellas coristas.
Los asistentes a cada función aplaudían con explosiones de arrebato las provocaciones de las vedettes y silbaban ante sus “descuidos” y “pequeños desnudos”, reían a carcajadas con los pintorescos personajes y repetían la concurrencia a las presentaciones con la picardía usual de los hombres de ver “algo distinto”.
Un salto importante se produjo con los discos que comenzaron a grabar los actores y músicos durante sus actuaciones, lo que propició que lo que pasaba en el Alhambra se pudiera llevar también al hogar; palabras y sonido de las que se conservan hoy algunas muestras, gracias a las placas de fonógrafo, creando un definitivo vínculo del humor con la música, características del Teatro Alhambra.
Su decadencia se inició hacia 1930 y terminó cuando la edificación sufrió el derrumbe del techo de su pórtico y parte de la platea el 18 de febrero de 1935, a las 12:20 de la noche, suceso en el por poco pierde la vida Arredondo, casi finalizando su actuación.
En el imaginario popular cubano se conserva la imagen de un Teatro Alhambra que siempre defendió las causas justas, sin admitir censuras ni amedrentamientos; del talento infinito de los actores y actrices, así como de los guiones de las obras de alta calidad, unido al buen gusto del vestuario y la escenografía.
A la distancia de 129 años, el Teatro Alhambra continúa siendo un referente importante de la herencia teatral cubana. Fue toda una escuela de talentos para la cultura nacional y fiel exponente de un arte dramatúrgico de mayor alcance, que llegó a atesorar un gran prestigio, del que se han nutrido sucesivas generaciones de actores teatrales hasta el presente.

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