Como un suceso cultural e histórico -que será evocado por las futuras generaciones-, puede catalogarse el “Solemne Te Deum por los 500 años de la Villa de San Cristóbal de La Habana”, que tendrá lugar este 14 de noviembre, a las 8:00 p.m., en la Catedral de La Habana.
Durante la celebración se hará el reestreno de la obra Te Deum, del compositor cubano del siglo XVIII Esteban Salas.
La pieza en versión para voz con acompañamiento al órgano, fue transcrita por la musicóloga Miriam Escudero, directora del Gabinete de Patrimonio Musical Esteban Salas.
La puesta en escena a cargo de la Cátedra de Música Sacra del Centro Cultural Padre Félix Varela contará con el cantor Pbro. Yosvany Carbajal Sureda, el organista Moisés Santiesteban, la Schola Cantorum Coralina dirigida por la maestra Alina Orraca, el Coro de Cámara Vocal Leo regido por la maestra Corina Campos y el Coro de Cámara Exaudi bajo la égida de la maestra María Felicia Pérez.
Esta misma obra de Salas se escuchará también en reestreno histórico junto a la Orquesta del Lyceum de La Habana bajo la dirección de José Antonio Méndez en la Gala Cultural por el aniversario 500 de la Villa de San Cristóbal de La Habana el domingo 17 de noviembre, a las 8 p.m., en la Catedral habanera, como parte de las jornadas del III Festival Habana Clásica.
El compositor Esteban Salas es considerado el músico más importante de América en el siglo XVIII y es uno de los cimientos de la cultura cubana. Según afirman fuentes documentales “el primer clásico de la música cubana" nació en La Habana el 25 de diciembre 1725.
Aunque su formación musical ocurrió en esta Villa, toda la obra de Salas, que ha perdurado, la desarrolla en la capilla de música de la Catedral de Santiago de Cuba, ciudad a la que se traslada a los 39 años.
Cuando Salas llegó a Santiago, el 8 de febrero de 1764, era un hombre maduro caracterizado por una extrema modestia que comenzó por causar una mala impresión y desconfiados los canónigos lo sometieron a prueba exigiéndole la composición inmediata de un himno a la virgen.
Cuando entregó al cabildo la pieza -un Ave María Stella-, todos comprendieron la valía del artista. Algo más tranquilizados los directores de esa institución le impusieron entonces la escritura de un Salmo, que dio satisfacción a los más exigentes, y se le adjudicó la plaza de maestro.
Desde ese mismo instante, Salas comenzó a trabajar activamente: muy seriamente incentiva a sus músicos y cantores al perfeccionamiento, al mismo tiempo que componía sin cesar y con sorprendente frescor de inspiración.
Bajo su égida, la Catedral de Santiago de Cuba habría de transformarse en un verdadero Conservatorio, al que permanecieron vinculados muchos músicos del siglo XIX.
Como todo maestro del siglo XIX Salas tuvo discípulos y formó ejecutantes como el eximio violinista Claudio Brindis de Salas; su ejemplo y magisterio crearon en Cuba un orden de disciplina hasta entonces desconocido.
Las piezas de Salas se inscriben en el barroco, con elementos del clasicismo, e influencias hispano-italianas; "pero ante él, sin dudas, estamos en presencia de una sensibilidad americana", apunta el musicólogo Helio Orovio. No hay nadie en el siglo XVIII en América, que aventaje la amplitud y el nivel cualitativo de sus obras.
Sus villancicos han sido grabados por el coro Madrigalista, en primer lugar, y también por las agrupaciones de Exaudi, Ars Longa y el Orfeón Santiago. Sin embargo, el director de este último grupo, Electo Silva, todo un mito en la música cubana, afirma: "tal vez se canta con demasiada unción, a Salas también hay que cantarlo con alegría".
El catálogo de las obras de este maestro comprende además misas, himnos, salmos, motetes, lecciones, cánticos y antífonas, entre otras composiciones de carácter religioso. Entre sus obras más conocidas se hallan los villancicos: Claras luces, Qué niño tan bello, Una nave mercantil y Quién ha visto que en invierno.
La musicóloga Miriam Escudero, Premio Casa de las Américas en su especialidad, ha recopilado y publicado en los últimos años, las obras de Salas en varios tomos, una labor en plena realización.
"Aunque trabajo con las versiones digitales de las partituras, siempre hay que volver a Santiago ante cualquier duda, porque aquí está el archivo de música sacra más importante de Cuba, en la Catedral y en la biblioteca Elvira Cape. Todavía la música litúrgica de Salas, es una gran desconocida", afirmó la investigadora.
Salas fue un hombre de una cultura extraordinaria que proveyó de música a todas las parroquias del Oriente cubano. Se destacó como profesor de canto llano, filosofía y teología en el Seminario San Basilio El Magno, además de realizar los textos para sus obras no litúrgicas.
Una de las salas de conciertos y el conservatorio de la ciudad, llevan el nombre del insigne músico.
Ya desde la aparición, en 1945, de su famoso libro La música en Cuba, Alejo Carpentier confesaba no explicarse cómo la obra y la personalidad de Esteban Salas habían permanecido, hasta ese momento, “sumidas en la más absoluta oscuridad”. Desde esa época hasta acá, su obra ha podido ser "exhumada", y forma parte del patrimonio sonoro de Cuba. Él, por derecho propio, es uno de los pioneros y de los cimientos de la música cubana.