Con la entrega del Premio Iberoamericano de Cuento Julio Cortázar, a la joven escritora cubana Karla Suárez, cuya obra, “Un pañuelo”, fue seleccionada entre más de 300 presentadas por autores de lengua española del mundo, se festejó en Cuba el aniversario 105 del natalicio del afamado escritor argentino.
A la ceremonia de esta XVIII edición, que tuvo lugar en la que fuera la casa de la poetisa cubana Dulce María Loynaz, en el Vedado habanero, devenida importante Centro Cultural de la capital, asistió el ministro de Cultura de Cuba, Alpidio Alonso.
Estuvieron presentes numerosas personalidades de la cultura y funcionarios, entre ellos, el Embajador de Argentina en La Habana, Javier Figueroa; el Presidente de la Uneac, Luis Morlote y el director de la Oficina de Estudios Martianos, Abel Prieto.
La Primera Mención del certamen fue para el cuento “La fecha”, de Federico Bianchini, de Argentina. Igualmente recibieron Mención, “Hambre”, de Daniel Averanga, de Bolivia; Il ballo del mattone”, de María Marta Ochoa, de Argentina y “Los niños diferentes”, de Junier Riquenes, de Cuba.
Reconocidos escritores como el argentino Roberto Ferro, y los cubanos Julio Travieso y Alberto Marrero, hicieron un laborioso trabajo en calidad de jurados, que los llevó a decidir por los ganadores, de manera unánime, algo en lo que también los tres coincidieron, no es frecuente que ocurra en eventos de este tipo.
Ferro, quien por primera vez actúa como jurado en Cuba, visiblemente satisfecho por los resultados, a nombre de sus compatriotas y el suyo, elogió a los premiados por lo novedoso de sus trabajos. En especial exaltó la obra ganadora, “Un pañuelo”, al referirse a la excelencia del tejido narrativo y del singular tratamiento de un conflicto humano, al parecer insoluble, que enfrenta en sus personajes. Igualmente, distinguió la lograda estructura de la trama y el hábil manejo de la voz narrativa de “La Fecha”, Primera Mención.
Ganar un premio siempre es deseado, al ser un reconocimiento, pero el de Julio Cortázar, “resulta para mí particularmente importante”, expresó Karla, que con énfasis aseguró sentir “una pasión absoluta por Cortázar”, desde que leyó sus obras cuando era muy jovencita. “Me enseñó el mundo desde otro ángulo y a ver que la realidad podía ser otra, y yo dije, quiero que mi mundo sea así. Él marcó mi literatura”, confesó la escritora.
El hecho de llevar este Certamen anual el nombre del conocido como uno de los mayores exponte de la lengua española, famoso por su novela cumbre, “Rayuela”, un clásico de la literatura en español, es en sí mismo un honor para quienes participan de una u otra forma.
Y que sea la nación caribeña la inspiradora de dicho Premio y sede, ya por 18 años, no es casual. La prestigiosa intelectual lituana Ugné Karvelis, auspició esta iniciativa, conociendo de las simpatías de su esposo Cortázar por Cuba, que él visitó en 1963 invitado por Casa de Las Américas, para ser jurado en un concurso.
Desde entonces, Julio estrechó relaciones con su compatriota cubano José Lezama, y otros escritores e intelectuales cubanos, que influyeron en su vida y su visión sobre los pueblos de la región latinoamericana.
Con el objetivo de incentivar a los narradores de todos los continentes a presentar sus relatos y cuentos cortos, nació este Certamen, cuyo Presidente de honor es el escritor Miguel Barnet, y su coordinadora, la escritora Basilia Papastamatiu.
Muchos más intervienen en el desarrollo de este evento, que ha crecido significativamente en participación. Lo auspicia, el Instituto Cubano del Libro, La Casa de las Américas y la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC), con el apoyo del Ministerio de Cultura de la República de Argentina y la Fundación Alia.
Cada uno, en comunión, y sorteando obstáculos económicos, mantienen viva la memoria de Julio Cortázar de la mejor manera que él hubiese preferido, abriendo esta puerta literaria al mundo para que la traspasen nuevos creadores.
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