
Todas las ciudades del mundo tienen una calle o avenida que las representa y define. Calles donde una siempre está seguro de encontrar a amigos, conocidos y hasta el amor de su vida. Calles llenas de luz y gente que ampara al solitario. Calles que proponen un viaje y siempre son una aventura inesperada: Avenue Les Champs-Élysées en París, Avenida Copacabana en Río de Janeiro, la Gran Vía de Madrid, calle Corrientes de Buenos Aires, Vía Veneto de Roma, La Rampa en La Habana. Todas tienen un denominador común.
La Rampa detalla a La Habana. Realmente la Rampa no es una calle. La Rampa es un estado de ánimo. De modo que La Rampa puede ocurrir en cualquier parte, en cualquier lugar de La Habana, en cualquier ciudad de Cuba. Los ortodoxos del urbanismo dan a La Rampa la siguiente definición: tramo de la calle 23, en El Vedado, que se extiende a partir de la calle L a la calle O.
Desde hace años se ha convertido en el paseo favorito de los habaneros con una prolongación que se inicia en el balcón habanero del Malecón y tiene como epílogo, para muchos, tomar un helado en Coppelia, pasando antes, por salas de cines como el homónimo, cafeterías, clubes nocturnos como el reconocido mundialmente La zorra y el cuervo, departamentos de aerolíneas, hoteles, tiendas, exposiciones, restaurantes y edificios de oficinas como el Edificio del Seguro Médico, creado por el arquitecto Antonio Quintana.
Este tramo habanero fue construido hacia 1930, y se empleaba antiguamente para la instalación de baterías de cañones que protegían la ciudad de ataques externos.
Destaca en su diseño las aceras de terrazo con obras de artistas cubanos de la plástica, asimismo el recinto ferial del Pabellón Cuba, hoy sede de la Asociación Hermanos Saíz.
Ha sido además, escenario referencial de eventos políticos, deportivos, artísticos y de pensamiento de repercusión mundial, entre otros recordamos en 1967 el Salón de Mayo en el Pabellón Cuba con la significativa exposición de arte contemporáneo que trajo a Cuba Wifredo Lam.