Venecia es una ciudad europea famosa por sus puentes, sin los cuales sería imposible sortear los canales de esa urbe. Esta cualidad le imprime el encanto y la magia a los paseos en góndola por sus aguas. Este es el caso del Puente de los Suspiros, ícono del actual concepto de romanticismo, visita que se ha hecho obligatoria para los enamorados que pasan por la ciudad.
Este puente, ubicado en la Plaza de San Marcos, es uno de los rincones más emblemáticos y conocidos de la ciudad, construido en 1614 por el arquitecto Antonio Contino para unir el edificio del Palacio Ducal con el edificio de los nuevos calabozos de la Inquisición.
Actualmente, tras realizar la visita al palacio, se puede atravesar el mismo como parte del “Itinerario secreto”, que se compone del paseo por la sala de la Inquisición, la Cámara de Tortura y finalmente se cruza el Puente, un oscuro pasadizo que posee dos pasillos separados, desde donde se llega hasta el edificio de la Prisión, de nombre Piombi.
El nombre hace referencia a los suspiros que dejaban escapar los reos al ser trasladados a los calabozos y observar el sol del día y la hermosa vista de la ciudad de Venecia por última vez antes de enfrentar su nuevo destino. El abovedado del puente hacía que se escuchara el eco de cada suspiro de los condenados.
En la actualidad los enamorados que pasan por debajo del puente se besan bajo el mismo, dejando aflorar su amor en esta insignia del romanticismo. No obstante, al romanticismo al que originalmente hace referencia el puente no es a este, sino al concebido por Lord Byron al bautizarlo con este nombre, al romanticismo que trataba temas como la tragedia del hombre ante su destino, la lucha contra los elementos, la oposición entre los sueños y la realidad, el ansia de libertad y la muerte. Mas, al pasar de la vida, la historia y el turismo, el Puente de los Suspiros se ha convertido en un emblema amoroso, al igual que la misma ciudad de Venecia.
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