La Habana de las primeras décadas del siglo XX, la del Anón del Prado y el sombrero de pajilla tenía, como legítimo orgullo, como Don de progreso, nada menos que a la primera mujer chofer de América. Esto no es mucho, pero es bastante. María Calvo Nodarse, recibió el título de chofer en el año 1917. Su primer automóvil le fue obsequiado por un acaudalado hombre de negocios, en compensación por haberla atropellado con su vehículo.
Así Maria Calvo se ganaría un título continental y ser orgullo de aquellas mujeres que luchaban por ocupar un puesto destacado en cualquier trinchera de trabajo. Me encantaría haberla visto en nuestros tiempos con su automóvil que, por muy hispano-suizo que fuera sería un almendrón más por las calles y avenidas habaneras.
Los que la conocieron aseguran que tenía una personalidad extraordinaria y una simpatía contagiosa, tenía ángel eso que ahora llaman carisma. El automóvil Hispano-Suizo conque La Macorina recorría las calles habaneras, a veces, con un poquito de exceso de velocidad, lo tenía pintadito de blanco y su bocina ofrecía los compases de cualquier canción de moda, hasta que un día fue inmortalizada por una alegre y contagiosa y picaresca guaracha:
Pónme la mano aquí Macorina.
Pónme la mano aquí
pon, pon, pon...
Yo conozco una vecina
que me tiene alborotao
me enteré que en los saraos
le llaman la Macorina
Pónme la mano aquí,
Macorina
Que me muero,
Macorina.
Pónme la mano aquí,
Macorina
Que estoy loco,
Macorina.
Ella gasta gasolina
en su carro colorao y sigue con el tumbao
que ella es la gran Macorina.
Pónme la mano aquí,
Macorina
Que me muero,
Macorina,
Pónme la mano aquí,
Macorina,
Que me duele,
Macorina.
Allá va la Macorina
en su carro colorao
ella va pa' los saraos
con su tremendo tumbao
Le dicen la Macorina
con su carro colorao,
Colorao....
pon, pon, pon...
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