



Suele ocurrir con poca frecuencia que en una misma fecha del calendario converjan los nacimientos de importantes íconos de la poesía y la música cubanas, cuya semblanza llega hasta el presente por la trascendente entrega de calidad y cubanía.
El primero en nacer el 11 de septiembre de 1844 fue el destacado poeta bayamés José Joaquín Palma Lasso, considerado uno de los más apreciados orgullos, no solo de Cuba, sino también de Honduras, Guatemala, las Antillas y en general toda América Central, cuyo mérito esencial, además de probado patriota, fue el de haber escrito la letra del himno nacional de Guatemala.
Su amplia obra poética estuvo siempre condicionada por el exilio y la lejanía de su patria durante casi 40 años, dada su activa participación en los planes y acciones para lograr la independencia de Cuba. Su quehacer literario no escondió su sentimiento patriótico y su nostalgia por la tierra amada a la que nunca olvidó.
José Joaquín Palma gozó siempre, como pocos, del reconocimiento de importantes figuras como Carlos Manuel de Céspedes, Máximo Gómez, Rubén Darío y, de manera especial, de José Martí, quien le dedicó una bella crónica en 1889 y definió como “el poeta que ha sabido poner en sus versos toda la ternura de su corazón y el fuego inextinto de un patriotismo puro”.
También el 11 de septiembre, pero del año 1876, nació en La Habana el gran maestro del danzón Antonio María Romeu Marrero, conocido como "El Mago de las Teclas", debido a su destreza en el piano.
A él se debe la autoría de más de 500 composiciones y el arreglo para danzón de numerosas canciones criollas que hicieron época y llegan hasta estos días. Con apenas 34 años de edad fundó su propia orquesta y colaboró en la composición de piezas antológicas con otros célebres músicos, como Sindo Garay (Perla marina, La Bayamesa), Manuel Corona (Mercedes, El Servicio Obligatorio, Santa Cecilia), Moisés Simons (El Manisero) e Ignacio Piñeiro (La perla del Edén).
Para beneplácito del público cubano, fue recientemente fue reeditada en disco compacto la mayor parte de las grabaciones que Antonio María Romeu realizó a partir de 1935, una gran parte de las cuales contó con la voz del legendario Barbarito Diez en su orquesta, nombres que aparecen indisolublemente ligados en la música cubana.
En su arreglo del son de Guillermo Castillo Tres lindas cubanas introdujo el primer solo de piano en un danzón, de manera accidental según aseguraba en una entrevista, que ha sido grabado por músicos cubanos de varias generaciones. Además de célebre pianista, fue un excepcional compositor y director de orquesta.
Con fecha 11 de septiembre, esta vez de 1911, nació el destacado pianista, cantante y compositor cubano, Ignacio Jacinto Villa y Fernández, más conocido por su pueblo y en diversos públicos en América, Europa y Asia como Bola de Nieve, quien logró cautivar con su arte.
Escritores como Rafael Alberti, Alejo Carpentier, Efraín Huerta, Pablo Neruda, Nicolás Guillén y cantantes como Agustín Lara y Rita Montaner compartieron escena con este gran músico. Sobre él el propio Neruda expresó: “Bola de Nieve se casó con la música y vive con ella en esa intimidad de pianos y cascabeles, tirándose por la cabeza los teclados del cielo. ¡Viva su alegría terrestre! ¡Salud a su corazón sonoro!”.
Sin dudas, Bola de Nieve tuvo gran popularidad, mostró siempre una manera personalísima de interpretar la canción y fue autor reconocido de temas como Si me pudieras querer; Ay, amor y Tú me has de querer, entre otras que cantaba acompañándose al piano, con su carismática interpretación en idiomas tan diversos como español, catalán, portugués, inglés, francés e italiano.
Otro grande de la música cubana nacía exactamente seis años más tarde, el 11 de septiembre de 1917: Carlos Manuel Puebla Concha, cantor, guitarrista y compositor conocido popularmente por Carlos Puebla, que tuvo en la obra revolucionaria cubana su fuente principal de inspiración.
Fueron además inmortales las canciones de amor que compuso y que hoy todavía los cubanos tararean: Quiero hablar contigo (grabada por Gina León, Miguel Ángel Piña, entre otros), así como Dime mi amor que voy a hacer sin ti, Este amor de nosotros, ¿Quién se lo iba a imaginar? (interpretadas por el dúo de Clara y Mario).
Su más conocida canción, Hasta siempre, Comandante, ha sido interpretada en diversos idiomas, y por agrupaciones corales, orquestas sinfónicas, solistas y tríos, convirtiéndose en un himno de lucha, en un canto de amor y de esperanza para muchos hombres y pueblos del mundo. Otras figuran también entre las más difundidas como Y en eso llegó Fidel, La OEA no es cosa de risa, Canto a Camilo…
Las creaciones poéticas y musicales de estos cuatro hombres de la cultura cubana mantienen el eco de su acento estremecedor, viven en la voz y el alma del pueblo por ser eternamente cubanas y porque atesoran el arte eterno.