La cultura recorre transversalmente todos los ámbitos de la vida nacional y se requiere, a tono con el llamado reciente que hiciera la dirección del país, promover y consolidar de manera más ágil un cambio en la mentalidad de quienes dirigen y materializan las acciones en este campo de la subjetividad, con vista a fortalecer valores desde una mirada más integral y abarcadora.
Lo ético y estético en la cultura, en su sentido más amplio, pasa indiscutiblemente por la conciencia del pueblo cubano de saber de dónde viene, quién es y hacia dónde va, en lucha permanente contra la erosión de los valores y los elementos desmovilizadores.
Por eso habrá que empeñarse a fondo, a todos los niveles, para lograr cada día una mayor diversificación de los proyectos culturales sobre todo a nivel de las comunidades, para preservar y rescatar, con la activa participación ciudadana, la identidad cultural que no solamente está presente en las creaciones artísticas.


El rescate de las tradiciones cubanas, dentro de las que destacan las específicas de determinadas localidades, debe involucrar a todos, aún en los lugares más apartados de Cuba. Hay que darles facilidades a las personas para desarrollarlas, no “llevarles la cultura”, y las instituciones están para propiciar, acompañar, viabilizar los procesos.
La clave está en hacer avanzar los proyectos de desarrollo comunitario, que a la larga son los que van a mantener las tradiciones y la identidad de cada pedacito de Cuba y de ella en su conjunto.
Para acercarse a esa realidad, hace falta de manera masiva fomentar la capacidad de apreciación artística y literaria, así como el fomento de valores, haciendo énfasis en erradicar las expresiones de chabacanería y de mal gusto que todavía proliferan en algunas manifestaciones culturales.
Se requiere sobre todo que los encargados de garantizar su calidad, dígase instituciones culturales, medios de comunicación, directores de programas y espectáculos, artistas e intelectuales, así como instructores culturales y promotores, se preparen cada día más y comprendan en toda su magnitud el alcance de los mensajes que llegan a la población a través de la amplia diversidad de manifestaciones, con mayor o menor aceptación por parte de la misma.
En el empeño de avanzar ante los enormes desafíos que tiene la cultura cubana, no se puede descuidar la promoción de los auténticos productos culturales, frutos de una rica y abarcadora labor creativa. Siempre debe asumirse que la cultura es mucho más que arte y literatura, pues abarca el gran patrimonio humano, el conjunto de valores que sostiene la sociedad, el espíritu de la nación.
En Cuba, se continúa trabajando para hacer cultura en todas las dimensiones posibles, aún cuando vive tiempos llenos de retos, pero extraordinariamente alentadores. Mas, ese propósito tiene que estar signado por la responsabilidad y la alegría de seguir creando desde la dimensión histórica de una cubanía cuya continuidad descansa en las manos de los que hoy hacen, para que mañana otros puedan seguir haciendo, partiendo del ingenio colectivo y la concreción de las ideas.
La propia Ley Helms Burton confirma a los habitantes de esta tierra que en los sectores más reaccionarios de la política norteamericana, contrario a una multitud de sólidas razones, no se quiere reconocer que los cubanos poseemos una cultura propia y definitivamente forjada en nuestras esencias; tal reconocimiento les hubiera llevado a considerar la inviabilidad estratégica de un proyecto que pretende una desculturización y una desnacionalización del país.
Esta intención fallida de configurar un bloqueo de todo el planeta contra Cuba para convertirla por la fuerza en una pieza del “mundo libre”, es una operación semejante a las que emprendieran hace siete siglos los conquistadores de América, quienes en nombre de la “civilización” destruyeron o envilecieron las prometedoras culturas que levantaban los pueblos aborígenes.
Ante esa realidad, la cultura cubana no sólo se reconoce a sí misma y se identifica en su proyección universal, sino que tiene también capacidad para preservarse y defenderse con su espíritu de resistencia, en medio de lo cual ha luchado.
Sin ese proceso de continua rebelión contra las acciones de dominio externo, incluidas las propiamente culturales, no habría nación cubana, ni independencia, ni se tendría una verdadera cultura propia, conformada en lo más profundo por esa defensa permanente del ser nacional por parte del pueblo cubano y sus intelectuales más destacados.
Con razón se ha expresado que fortalecer los principios éticos y jurídicos consagrados por la Revolución es ahora un asunto de vital importancia. Hoy la preservación y desarrollo de la identidad nacional cubana, de su cultura, dependen en gran medida de cómo se hagan prevalecer, por encima de las circunstancias, el orden social, la unidad y la legalidad revolucionarias.
Así, con los hechos, en cada cubano está la posibilidad de impedir la desvertebración de una cultura basada en la devoción a la dignidad humana y al más puro sentimiento de justicia. No es casual que la Jornada por la Cultura Nacional se inicie precisamente con la conmemoración del inicio de las guerras por la independencia y simbolice el apego al compromiso con las más sólidas esencias culturales nacionales, que marcan el sello de lo auténticamente cubano.