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Nuevas tecnologías: ¿un riesgo para la adolescencia? |
| Publicado: 2018.06.21 - 09:17:30 / alinaig@enet.cu / Alina Iglesias Regueyra |
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Las nuevas tecnologías han traído innumerables ventajas para la humanidad. En cualquier momento es útil y necesario comunicarse, y la comunicación es la principal función que signa estos avances.
Para la juventud, sobre todo, estar conectados ha sido una fiesta: es la edad de máxima socialización, proceso que se realiza con un fin ya no solo amistoso sino además para buscar pareja, sea ocasional o duradera, íntima o superficial, física o platónica.
Sin embargo, los más chicos de este segmento etario necesitan estar guiados por sus padres pues cualquier persona sin escrúpulos finge una identidad falsa y se propone como amigo, ofrece su confianza y obtiene información que puede resultar peligrosa para la integridad o la vida de ellos y de la propia familia.
Datos como los horarios de entrada y salida de los centros escolares, la dirección de la casa o la escuela, el centro de trabajo de los padres y su posición social o financiera, con quiénes viven los adolescentes, cuándo los tutores se ausentan del hogar, a quiénes visitan y por quiénes son visitados, y sus gustos, fundamentalmente, los insatisfechos, son inquiridos por los nuevos amigos con la excusa de conocer más al destinatario de sus engaños y armar mejor la trampa.
Es por ello que -además de la razón económica, pues los padres son quienes pagan los servicios que disfrutan los muchachos- los adultos a cargo deben estar enterados por su seguridad de la verdadera identidad de los contactos de sus hijos: con quiénes se juntan, qué información comparten, qué intereses pueden motivar a un nuevo y desconocido amigo a acercarse por esa vía.
A través de las redes sociales no se conoce realmente al interlocutor, por muy bella, conveniente o confiable que sea la historia que nos presente, y por muy real y decente que parezca su imagen en la fotografía que lo acompaña.
Los más jóvenes se entusiasman fácilmente y pueden ser presa de criminales cibernéticos o personas mentalmente desequilibradas que pueden presentarse como coetáneos y ser en realidad mucho mayores y menos ingenuos que sus víctimas, quienes fingen cualidades espirituales y características físicas que no poseen, y llegado el momento del esperado encuentro real, se presenta una muy desagradable sorpresa.
Por eso no es ocioso conversar del tema con nuestros hijos y demás menores a cargo, en la casa y la escuela; debatir el asunto entre los amigos y condiscípulos, incluso entre padres y maestros.
Los más jóvenes merecen crecer en un mundo seguro, lejos de peligros potenciales que pueden devenir reales y con nefastas consecuencias. Evitaremos de esa manera el acoso cibernético que podría llegar a delitos tan palpables como el abuso físico o sexual, el robo o el asesinato.
Las nuevas tecnologías, como todo avance científico, tiene su lado grato pero también su parte negativa. Quedarnos con lo primero y desechar lo segundo es lo más difícil, porque lo desagradable puede disfrazarse de belleza o de placer en estos casos. Quede esta convocatoria a aguzar los sentidos y prevenir a nuestra juventud de los riesgos más novedosos, tanto como esas tecnologías que nos place tanto usar.
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