Rosas hay muchas, de colores variados, pero cuando se dice “Rosita”, en Cuba, solo hay una: nuestra Rosita, la bella mujer por la que muchos adolescentes alguna vez suspiramos.
Rosita Fornés es todo un símbolo de la cultura cubana, la gran vedette, la irrepetible.
Este 12 de septiembre, cuando se cumplen 81 años de su debut escénico, queremos, desde estas líneas, hacer honor a quien honor merece por haber dedicado su vida a deleitar el gusto estético de los que viajamos a lomos de este verde e insurrecto caimán.
Es probable que no muchos conozcan su verdadero nombre, sobre todo los más jóvenes, quienes quizás tampoco sepan que esta cubanísima mujer no nació en el mayor archipiélago de las Antillas. Rosalía Palet Bonavia nació en Nueva York, Estados Unidos, el 11 de febrero de 1923.
Su padre era catalán y su madre madrileña. El apellido Fornés, que utiliza en su nombre artístico, es el del segundo esposo de su madre. Ellos aspiraban a que Rosita fuera secretaria, que estudiara mecanografía y taquigrafía y aprendiera inglés. Con esos conocimientos y su apariencia física no caben dudas hubiera sido buena en ese oficio, sin embargo, habría desperdiciado sus inmensas aptitudes para el arte.
A los 15 años, ya con residencia en La Habana, se presentó en La Corte Suprema del Arte, un programa radial del circuito CMQ especializado en la búsqueda de talentos y obtuvo el primer lugar cantando la milonga La hija de Juan Simón, acompañada a la guitarra por el andaluz Manolo Tirado.
Aquel triunfo marcó un hito en su vida y en la cultura cubana, pues allí nació la cantante y actriz Rosita Fornés. Su primera incursión profesional fue en el cine, en un largometraje titulado Una aventura peligrosa, dirigido por uno de los más sobresalientes cineastas cubanos de esa época, Ramón Peón.
Luego vendrían, la canción, la zarzuela, el teatro, la radio, la televisión y más cine. Su currículo es tan extenso que resulta muy difícil resumirlo en un artículo periodístico, pero existe un libro que lleva su nombre y contiene su biografía, escrito por Evelio R. Mora y sacado a la luz por la editorial Letras Cubanas, y también el documental Rosita Fornés, mis tres vidas, dirigido por Luis Orlando Deulofeu.
¿Qué más se puede decir de Rosita? Que es una persona sencilla, dulce, amable y carismática. Lo podemos afirmar aquellos que alguna vez tuvimos la suerte de interactuar con ella, aunque fuera ocasionalmente. Por su personalidad y su excelencia artística, ha sido, es y seguirá siendo “nuestra Rosita”… con permiso del resto de las féminas que se llamen Rosa.
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