La Habana tributa perenne evocación a la Madre Teresa de Calcuta en su jardín, cual exuberante follaje en el convento de San Francisco de Asís, en el Centro Histórico de la capital cubana.
Su carisma y auténtica solidaridad con los pobres, la convirtieron en una de las mujeres más admiradas del mundo. Amaba a los niños por vocación universal y el Evangelio fue su modo de vida.
El Papa Pablo VI, le otorgó a la Madre Teresa la primera edición del “Premio de la Paz Juan XXIII”; el 6 de enero de 1971. El Sumo Pontífice explicó entonces:
“Este premio se confiere a una religiosa que, a pesar de ser modesta y silenciosa, es conocida por quienes observan el arrojo de la caridad en el mundo de los pobres: se llama Madre Teresa y, desde hace veinte años, desempeña una maravillosa misión de amor en las calles de la India, a favor de los leprosos, de los viejos, de los niños abandonados”.
A ese reconocimiento le sucedió el Premio “Templeton”, en virtud del progreso de los valores religiosos y en 1979, el Premio Nobel de la Paz.
Corría el año 1986, cuando el octavo día del mes de julio, la Madre Teresa de Calcuta viajó a Cuba. Realizaba entonces, un recorrido por el Caribe y en nuestra tierra hizo breve parada.
Se recuerda en fuentes estudiadas, como visita memorable; por su carisma, labor humanitaria, fervor, pasión y amor al prójimo. El periódico Granma, informó textualmente que su encuentro con el presidente Fidel Castro, transcurrió "en un clima de amistad y entendimiento".
Inés Gunxha Bojaxhin, (nombre de pila), vivió físicamente en esta dimensión entre los años 1910 y 1997. Su partida, el 5 de septiembre, en la casa madre de su comunidad en Calcuta, India, a la edad de 87 años, enlutó al mundo. La Madre Teresa de Calcuta es venerada e idolatrada por muchos y el 19 de octubre de 2003 fue beatificada.
Pido permiso a su memoria y me detengo a contemplar una de sus fotografías. Su celestial rostro viene del mar como la vida; repleta de líneas en la frente; pero no son arrugas. ¡No!. Los encantos que la sabiduría esculpe sobre la piel, son gemas preciosas de amor renovadas en sonrisas. Ella siempre sonríe y nos devela el misterio de la juventud y la belleza:
“Una sonrisa en los labios alegra nuestro corazón, conserva nuestro buen humor, guarda nuestra alma en paz, vigoriza la salud, embellece nuestro rostro, e inspira buenas obras.”
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