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Los museos del siglo XXI no quieren ser neutrales |
| Publicado: 2018.12.11 - 16:44:57 / miguel.dario@renciclopedia.icrt.cu / Miguel Darío García Porto |
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Desde hace varios años en el mundo existe la tendencia a pintar los espacios interiores de colores, sin embargo, ese gusto empleado agradablemente en espacios domésticos e institucionales ahora también invade paredes que reconocíamos como necesariamente neutrales.
Algunos museos del mundo han decido abandonar sus paredes blancas y renovarse del tal manera que el inmaculado blanco ya brilla por su ausencia en sus espacios.
Uno de los ejemplos más notables de esta propuesta es el Museo Nacional de Estocolmo, uno de los más antiguos del continente europeo, en el que recientemente tras una remodelación de cinco años abrió sus puertas y lo hizo convertido en un recinto con paredes multicolor, en tonos tan inesperados en un sacro templo del arte como el amarillo chillón, el verde manzana, el gris de un cielo encapotado, el malva de una porcelana francesa o el rosa chicle.
Con esta osadía cromática se expresa la voluntad de crear una experiencia contemporánea y según refieren analistas la decisión de pintar las paredes resulta acertada, ya que estas obras fueron obras concebidas para ser vistas sin luz artificial, a la luz del día o usando velas.
Todo indica que no será la última institución que renuncie al blanco.
El modelo expositivo de paredes blancas se impuso en la década del 30 del pasado siglo en Alemania, donde fue una de las escasas innovaciones propuestas por la Bauhaus aprobadas por los nazis y que el régimen convirtió en color obligatorio para toda exposición artística.
Al mismo tiempo, el blanco también se impuso al otro lado del Atlántico, cuando el MoMA de Nueva York pintó de ese color las paredes de su nueva sede en la calle 53, inaugurada en 1939. De ahí pasaría a las galerías comerciales neoyorquinas durante los 50 y, algo más tarde, a las del resto del planeta.
En los últimos tiempos, cada vez más instituciones expositivas renuncian al inmaculado dogma que se impuso hace ocho décadas y el propio MoMa dio un paso significativo en 2009 cuando su conservadora jefa decidió utilizar un tono más grisáceo para la sala con obras de entre siglos.
Cuando el Museo Rodin de París volvió a abrir en 2015, después de tres años cerrado por obras, lo hizo envuelto en tonos concebidos por la marca británica Farrow & Ball
Otras pinacotecas han ido todavía más lejos. Como es el caso del Metropolitan de Nueva York, el Palacio de Versalles o la Colección Wallace de Londres al experimentar con colores inusuales.
Al parecer no serán las últimas, pues los curadores y conservadores de los museos optan por llenar de colores esos espacios, y aunque ya son usuales en las exposiciones temporales, ahora lo veremos también en las colecciones permanentes.
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