La guerra que hacíamos a España no siempre fue obstáculo insuperable para que nuestra juventud femenina dejase de admirar la gallardía de un soldado u oficial español, porque el amor no tiene nacionalidades, ni atiende preceptos sociales, políticos o religiosos; y cuando esto así no sucede, bien podemos pensar que el amor, como lo entiendo yo, no está por medio. El fanatismo religioso, social o político podría imponerse, y se ha impuesto, cuando el corazón no está realmente interesado, entonces, los intereses, las ambiciones de poder, el miedo al “qué dirán”, etc. es quien manda. El corazón cede espacio a la cabeza y al estómago.
Fueron muchas nuestras criollitas y galleguitos que formaron familia y terminada la guerra el gallego o asturiano, vaya usted a saber, puso una bodega y punto final.
A otros peninsulares se les vio con hermosas negras, de cuya relación salió ese maravilloso invento ibérico que fue, es y será: La mulata Barbarita, Caridad, Mercedita, Lola, Lazarita y tantas otras, se vieron del brazo del español que fuera reclutado y muchas veces obligado a venir a combatir en una guerra que muy poco le interesaba. Claro, a muchos cubanos no les hacía gracia este tipo de relaciones. Así le ocurrió a Lola, una linda criollita que para no discriminar los pretendientes a su trono de amor, provocó las siguientes décimas:
¡Remember! Escucha Lola:
te hizo gracia un Comandante
del Batallón de Alicante
y ¡Viva Cuba Española!
gritabas a cada instante.
Hoy de un cubano teniente
te hace gracia al instante
y con igual alegría
¡Viva Cuba Independiente!
gritas de noche y de día.
Por Dios, cállate la boca,
porque eres voluble o loca
o tu corazón parece
que es un flautín, que obedece
a todo aquel que lo toca.
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