

Los combatientes revolucionarios supervivientes de la acción insurreccional del 26 de julio de 1953 contra los cuarteles Moncada, de Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, de Bayamo, obtuvieron la liberación del Presidio Modelo de la entonces Isla de Pinos 22 meses después de aquel histórico acontecimiento.
En un manifiesto de fecha 6 de enero de 1954 y después en un artículo publicado en la revista Bohemia en abril de 1955, el doctor Fidel Castro -líder revolucionario de los moncadistas- había rechazado cualquier clase de amnistía bajo condiciones previas.
En esta última ocasión su demanda por una excarcelación sin compromisos, que limitara sus actividades políticas y las de sus compañeros de lucha, fue causa de su incomunicación y aislamiento dentro del mismo penal.
Durante meses el líder revolucionario había dirigido desde la cárcel todas las acciones que se realizaron para desenmascarar y debilitar al régimen batistiano. El tiempo en prisión no será tiempo perdido. Se fundamentan, con el estudio, las bases ideológicas de lo que posteriormente será la Revolución. Los jóvenes revolucionarios cambian los fusiles por libros.
Con el estudio diario se pretendía que los de más nivel transmitieran sus conocimientos al resto. Así se dan clases de Historia, Matemática, Español e Inglés, en la mañana y la tarde; en la noche hay círculos de estudio, donde Fidel explica “El capital”. Se realizan exámenes periódicos.
La Ley de Amnistía número 113 fue aprobada el 2 de mayo por la Cámara de Representantes, ratificada el 3 por el Senado y firmada finalmente el 6 por el presidente Fulgencio Batista, quien había considerado “una generosa iniciativa, dada la cercanía del Día de las Madres”, un regalo para aquellas a quienes él mismo había sumido en el luto y el dolor, asesinándole a muchos de sus hijos.
Sin embargo, el mandato del tirano no se cumple y crece la presión popular. Cientos de pineros se concentran frente al Presidio, llamado oficialmente Reclusorio Nacional para Hombres. Allí durante varios días vigilan, esperan la salida de los combatientes, no duermen. Dentro de la cárcel hay incertidumbre, escuchan las noticias de la radio, están decididos a salir todos o ninguno, y solo el día 14 conocen quiénes son los favorecidos por el indulto.
Finalmente el domingo 15 de mayo de 1955, sobre la una de la tarde, comienza la salida en tres grupos de combatientes. Fidel, Raúl, Almeida y otros muchos lo harían en el segundo grupo, 45 minutos después del primero. La alegría era inmensa, había sido una victoria popular.
Horas más tarde, ya en la ciudad de Gerona, Fidel ofrecería una conferencia de prensa en la que expresaba que la libertad alcanzada no era para descansar, sino para luchar sin tregua por una patria mejor. Y seguidamente se reuniría con todo el grupo revolucionario, rendirían honores a los caídos y se haría un llamado a la unidad permanente como factor indispensable para el triunfo.
Ante la vista de los sangrientos cuerpos represivos de la dictadura, el vapor El Pinero zarpaba cerca de las 9 de la noche del puerto, con la valiosa carga a bordo de los jóvenes del Centenario y sus familiares. Con gran emoción y convencidos del triunfo, se entonaron las notas del Himno Nacional y, por primera vez en público, la Marcha del 26 de Julio. Se inauguraba una nueva etapa de lucha de liberación nacional en Cuba.
A su llegada a Batabanó los esperaba una multitud. Fidel repitió las palabras dichas en Isla de Pinos. El tren demoró más de lo habitual en llegar a La Habana, porque en cada pueblo los recibía un mar de gente. Y al llegar a la estación central capitalina, una muchedumbre sacaba a Fidel por la ventanilla del tren. Esperaban por él para que les dirigiera la palabra.
Han transcurrido 64 años desde que el pueblo cubano rompiera con su verdad y su espíritu de justicia las rejas de aquel Presidio que nunca fue Modelo. Hoy, con esa misma combatividad y rebeldía, Cuba se enfrenta resueltamente a todo tipo de amenaza y agresión económica, y lo hará si es necesario con las armas, teniendo como referente la fortaleza ideológica de los heroicos moncadistas.