Dice que el “jigüe” es la fuerza interna que lo impulsa a crear. Dice que reverencia a la vida para conocer su lugar, y dice y dice tantas cosas hermosas, que sus palabras no alcanzan en óleos ni versos para expresar su pensar.
Pero no hagamos caso a la limitación. Más bien sirvámonos de ella, para conocer el universo creador de Ever Fonseca, artista cubano de la plástica que este domingo celebra sus 74 años de edad.
“Siempre que me propongo algo ya tengo otro montón de cosas en la cabeza que se me ocurren por azar. El acto creativo es así, o por lo menos en mí ocurre de esa forma”.
¿Cuál ha sido, Ever, la esencia creativa que ha movido su arte?
Promover y llevar el mensaje de nuestra idiosincrasia al mundo, de nuestra fuerza creadora, de todo lo positivo que existe en el desarrollo de la humanidad, tanto en la ciencia como en la pintura.
Por eso preciso del jigüe, que no es un elemento metafísico, sino la voluntad innovadora de la naturaleza, que nos ubica en el espacio, en el tiempo, en el clima, en un lugar determinado.
Puede ser un árbol, una persona, un ave, un animal o todas las cosas juntas. Es una esencia positiva que se mueve en el entorno, desde la idiosincrasia antillana.
Para quien se siente un cubano privilegiado, por tener mucho del mundo en una sola Isla, las complejidades del Medio Ambiente es asunto fundamental.
En su origen tiene de Manzanillo y Guantánamo. ¿Dónde le empezó ese amor por la Naturaleza?
Creo que es congénito porque nací en la costa del Golfo del Guacanayabo. Y ese hábitat es muy rico y lleno de vidas primigenias. La fauna y flora silvestre son muy diversas y para mí eso era el paraíso. Ahí sentí el amor de mi familia y el entorno. Lo recuerdo como un gran abrigo.
¿Comenzó a pintar desde chico, o la pasión le vino después?
Siempre me satisfizo el hecho de que mis pinturas les dieran alegría a mi madre y a mis tías. Y eso me hizo seguir y seguir, porque soy feliz cuando hago feliz a los demás.
Lo logré con mis convicciones y pensamientos, porque hasta por azar surgen elementos maravillosos en los dibujos. Lo que pasa es que después fui madurando e incorporando conocimientos pictóricos, que me permitieron canalizar mejor el mensaje que quería transmitir.
Es como si los pincelazos, brochazos y las líneas formaran letras de un idioma que van transmitiendo determinado grado de sensibilidad, de atracción, cualquier sentimiento humano. Y eso es bonito porque te hace sentir vivo.
¿No habrá quedado en su interior alguna frustración por ser biólogo?
¡No, que va! Muy ocurrente su pregunta. Por un lado no es frustración porque he podido tener una familia y siempre aprendí que de tal sacrificio tal logro, y la naturaleza la incorporo a mi obra. Me sirvo de ella para demostrar que el ser humano no debe ser tan egoísta, aunque lo es por concepción.
Pero cuando uno se compara con toda esa fuerza grande que tiene la humanidad, de desarrollo, de progreso, no se puede pensar que es el centro del mundo.
¿Espera circunstancias específicas para asumir la creación?
El arte es algo maravilloso, no es como la ciencia que es exacta. El espíritu necesita también un escape del hombre, incluso para hacer la ciencia y someterse a ese rigor.
Las circunstancias específicas se crean abstractamente, por instinto.
Una de las cosas que más me sorprendió de este artista, que comparte conmigo su ciudad natal, fue la manera sencilla y educada que tiene de tratar a los demás.
Con su entrega sincera a cada pregunta, me sorprende por segunda vez con sus versos, que ya pueden llenar las numerosas páginas de un libro.
Ellos aluden igual a la naturaleza y a la sugerente forma del río, el monte y el manglar:
“En la casa de mi mundo/ El río es mi bañera/ Los asientos son sus troncos/ Y mi mesa es el frutal/
En el mundo de colores/ Que pintan las polímitas/ Manchan insectos y flores/Y te invitan a pintar/
En la casa de mi mundo/ El techo es el puro cielo/ Las paredes el paisaje/ Y mi mesa es el frutal/”
Por último, de una forma subjetiva y libre, como la última pincelada, le pregunto al curiosear: ¿Cuándo usted sabe que ha terminado una pintura?
Cuando siento que la puedo dejar así.
Ever Fonseca (1938) es un destacado pintor y escultor nacional, que tiene el privilegio de ser miembro de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y de la Asociación Internacional de Artistas Plásticos (AIAP).
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