
Culmina este 15 de noviembre en todo el país el amplio y diverso proceso de análisis y discusión del Proyecto de Constitución de la República de Cuba con un saldo muy favorable en cuanto a propuestas de inclusión, modificación y, en algunos casos, de supresión de partes de su texto, que objetivamente serán evaluadas por la Comisión encargada a tales efectos por la Asamblea Nacional del Poder Popular.
Uno de los aspectos que ha tenido mayor representación entre los contemplados en el Proyecto lo ha sido el referido al cuidado y preservación del medio ambiente y los recursos naturales del país, a los cuales se hace referencia en tres de los capítulos de su contenido, específicamente en los capítulos I, II y III, con sus respectivos incisos.
La protección del medio ambiente siempre ha sido un área de desarrollo científico en Cuba. El Estado cubano desde hace décadas ha estipulado que es deber de los ciudadanos contribuir a la protección del agua, la atmósfera, la conservación del suelo, la flora, la fauna y todo el rico potencial de la naturaleza.
Favorecieron esos propósitos la creación de la Comisión Nacional para la protección del Medio Ambiente y el uso racional de los Recursos Naturales, y la Ley que se promulga a principios de la década de 1980 al respecto. En la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro, Brasil, en 1992, la delegación cubana encabezada por el Comandante en jefe Fidel Castro firmó el Convenio sobre la Diversidad Biológica y la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, a partir de lo cual se introduce en Cuba el concepto de Desarrollo Sostenible y se sucedieron así las firmas de numerosos convenios y tratados internacionales que lo amparan.
La preocupación en torno a estos temas ha sido vital para el Estado cubano con proyección de acciones concretas que ya se ejecutan y que deberán ser chequeadas de forma permanente a corto y mediano plazo.
Es por ello que en el Capítulo I de la Constitución, referido a los Principios Fundamentales de la Nación, el artículo 11 (inciso b) contempla que “el Estado ejerce su soberanía sobre el medio ambiente y los recursos naturales del país”.
También, a su vez, en su Capítulo II, el Proyecto de Carta Magna recoge dentro de las relaciones internacionales en su artículo 16 (inciso e) que Cuba “promueve la protección y conservación del medio ambiente y el enfrentamiento al cambo climático, que amenaza la sobrevivencia de la especie humana, sobre la base del reconocimiento de responsabilidades comunes, pero diferenciadas; el establecimiento de un orden económico internacional más justo y equitativo y la erradicación de los patrones irracionales de producción y consumo”.
Cuba es una de las naciones mejor preparadas para enfrentar los efectos del cambio climático, debido a que el país posee una importante carpeta de proyectos que contribuyen al manejo adecuado de su biodiversidad, en la cual están contemplados sus bosques y sus ecosistemas.
Asimismo las estrategias aplicadas a lo largo de muchos años posibilitan mitigar esos efectos en esferas de la economía nacional, como la agricultura y la pesca. Ha sido importante el incremento progresivo de la cobertura boscosa que posibilita disminuir la emisión de gases de efecto invernadero.
El Capítulo III acerca de los derechos sociales, económicos y culturales, específicamente en su artículo 86, expresa que “Todas las personas tienen derecho a vivir en un medio ambiente sano y equilibrado”. Es este sentido se particulariza que “El Estado protege el medio ambiente y los recursos naturales del país. Reconoce su estrecha vinculación con el desarrollo sostenible de la economía y la sociedad para hacer más racional la vida humana y asegurar la supervivencia, el bienestar y la seguridad de las generaciones actuales y futuras”.
Pese al bloqueo económico y a sus limitados recursos, Cuba garantiza a sus ciudadanos salud, educación y seguridad social, incrementa la cobertura boscosa y brinda agua potable, lo que todavía constituye una aspiración para muchos otros países. Además, ofrece resultados palpables en cuanto al ahorro y uso racional de los recursos, el rescate de los suelos erosionados, la producción de energía y el desarrollo turístico con el menor impacto ecológico posible.
No obstante los avances en ese sentido, todavía queda mucho por lograr. Para ello resulta imprescindible la sensibilización de la población, pero sobre todo de los niños y jóvenes, con respecto a los problemas del medio ambiente, de su entorno inmediato y del mundial, creando la voluntad de actuar de forma individual y colectiva en la solución de los problemas ambientales presentes y futuros. Debe continuar ganándose en conciencia de que la protección del medio es una responsabilidad esencial de todos, lo cual también quedó reflejado en los amplios debates en torno a este tema en los colectivos estudiantiles, laborales y comunitarios.