¿Acaso quedaría inclinado el primer pedazo de piedra colocado en la Torre de Pisa? Es una pregunta que me hago frecuentemente al leer que fue diseñada para permanecer en posición vertical, pero comenzó a inclinarse tan pronto como se inició su construcción, el 9 agosto de 1173.
Hasta hoy deleita a gran parte de la población mundial, quienes la visitan a diario personalmente o por Internet.
Lo qué más impresiona a los turistas y usuarios es su altura de 55,7 a 55,8 metros desde la base, su peso de 14.700 toneladas y su inclinación de unos 4° extendiéndose 3,9 m de la línea vertical.
Si hablamos de su estructura general no puede faltar sus 8 niveles y la escalera interna en espiral, de 294 escalones.
Su ubicación se encuentra en Pisa, que es un municipio de la región italiana de la Toscana y capital de la homónima provincia.
Aseguran que existe un litigio milenario sobre la identidad del arquitecto. El diseño se atribuyó durante años a Guglielmo y Bonanno Pisano, famoso artista conocido por sus piezas de bronce y, quien al fallecer, se encontró con su sarcófago al pie de la torre en 1820.
Después de construida la tercera planta en 1178 se volvió a sesgar hacia el norte, causa que provocó, junto a su esbozo imperfecto y las guerras entre pisanos y estados vecinos, el cese durante un siglo de los trabajos para su culminación.
Fernando Di Vincenzo la retomó en 1272, añadiendo cuatro nuevas plantas que fueron construidas con cierto ángulo para contrarrestar la inclinación. Doce años más tarde detuvieron las labores nuevamente, y solo un siglo después, Tommasso di Andrea Pisano terminó la última planta (el campanario), instalando las siete campanas que corresponden a las notas musicales.
Posterior a la fecha, ¿qué pasó? Resulta que la torre empezó a inclinarse, pero esta vez hacia el sur; aunque los trabajos para evitar que se derrumbara siguieron desarrollándose.
Tiempo después se volvió a ladear, cuando Alessandro Della Gherardesca excavó un camino a su alrededor para hacer visible la base.
Llegado a este punto, el gobierno de Italia pidió ayuda internacional el 27 de febrero de 1964, a la que respondieron un conjunto de ingenieros matemáticos e historiadores; quienes debatieron, en las Islas Azores, sobre métodos de estabilización.
La solución fue cerrarla al público en enero de 1990, y solo 11 años después, volvió a abrir como el primer día.
De forma general se propusieron muchos métodos, como añadir 800 toneladas métricas de plomo de contrapeso. Sin embargo, la solución estuvo en eliminar 38 m³ de tierra de la zona inferior a la base y, hasta la actualidad, ha sido declarada estable por al menos dos siglos más.
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