Desde el fondo de los tiempos, las mujeres somos fuente y musa inspiradora de románticos y artistas entre todas las artes. Astrónomos y poetas, fundieron el planeta y la metáfora, para sabernos luciérnagas del firmamento, e hijas predilectas de la Luna; en todas sus fases enamoradas de la noche.
Mujer, es perpetuidad de la vida. Es amor inagotable por el fruto más sagrado de la existencia: sus hijos, que acaparan el sentimiento más puro de la especie.
A veces he preguntado a los hombres ¿cuál es la cualidad de belleza más importante de las féminas?. Y para gloria del mundo; las respuestas son coincidentes. Nos prefieren inteligentes, talentosas, cultas, trabajadoras, estudiosas, honradas, leales, soñadoras, tiernas, cariñosas.
Somos amadas y respetadas por nuestros sentimientos, pensamientos y valores totales; más allá de figuras, superficialmente estereotipadas en tallas, kilogramos, colores de la piel, maquillajes, curvas, o piernas moldeadas por orfebres.
El cubano mayor, nuestro José Martí, entre los más fervientes admiradores de la mujer que he leído, pondera en su verso y prosa, las cualidades más importantes de belleza femenina: “Esta mujer cubana, tan bella, tan heroica, tan abnegada, flor para amar, estrella para mirar, coraza para resistir”.
|