
Luego de visitar algunos centros culturales de los municipios del Cerro y Plaza de la Revolución, en La Habana; e interactuar con artistas y sus públicos; sentí la motivación de estudiar un poco más, acerca de los objetivos fundacionales, misiones y cuerpo metodológico de la labor sociocultural en el país.
En la Web de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba, hallé información acerca de la Dirección de Cultura Comunitaria, creada en la UNEAC en el año 1994, con el afán de contribuir al desarrollo de la sociedad cubana.
La propia fuente especifica las misiones de la modalidad y confirma la existencia en el país de centenares de proyectos que responden a un soporte metodológico y cito:
“La labor cultural comunitaria se sustenta en la aplicación de conocimientos y habilidades de la Animación Sociocultural, la Educación Popular, la Gestión de Proyectos, la Comunicación Social, en articulación con el talento artístico y literario de nuestros creadores miembros de la UNEAC, a través de las expresiones del arte y la literatura.”
Con esas premisas teóricas podría decir que en Plaza de la Revolución, por ejemplo, el Teatro Nacional de Cuba, ha sido testigo fiel y dilecta sede de diversas peñas donde se articulan talento artístico, comunicación social, intercambio de conocimientos y recreación con muy buena salud.
Aún cuando en estos momentos la institución se encuentra en fase de total remozamiento de sus estructuras constructivas; el Teatro Nacional de Cuba, ha realizado durante siete años consecutivos, en el Salón Piano Bar Delirio Habanero, la peña de Diana Rosa Suárez, y sus invitados.
Si un rasgo positivo distingue el semanal encuentro de la carismática artista cubana, junto a otros colegas del gremio, es la fidelidad de su público, de todas las edades, en un ambiente sano, pletórico y casi familiar. Allí la música en diversos géneros, la poesía y el baile, con pinceladas de humor criollo; logran armonizar una jornada sabatina, que involucra a todos, en la alegría, el bienestar y los deseos de repetir la concurrencia. Diana Rosa y sus invitados lo saben. Su público también. Por eso, son leales, recurrentes y agradecidos en cada cita.
De momento, hago una pausa en el Delirio Habanero, mientras prosigan las labores de reconstrucción general en el Teatro Nacional; y aprovecho para adelantar que en breve Radio Enciclopedia gozará del privilegio de contar en esta Web, y en Exclusivas, con las entrevistas a dos personalidades de la cultura cubana: Diana Rosa Suárez y Aurora Basnuevo, cuyos roles protagónicos en esa peña, y singulares histrionismos; cautivan al público que las admira y distingue con especiales reconocimientos.
Proyectos como éstos presentados por la Empresa de Ediciones y Grabaciones Musicales, EGREM , hacen del Teatro Nacional de Cuba, en el corazón de la Plaza de la Revolución, nido y nicho de obligada visita para interactuar, compartir, entretener, cultivar, educar y promover parte de la obra artística cubana, en sus diversas corrientes o expresiones, de elevados quilates.
Vuelvo con más sobre el tema; desde algunas barriadas citadinas; cuyo impacto social en su trabajo cultural comunitario germina de a poquito, en talleres, salas de teatros y galerías locales. El saldo de la experiencia es generoso; por el intercambio de saberes, por la salud holística de los participantes, por la gratitud y alegría.
Es que no hay nada más noble y hermoso para la vida que el pleno acceso a la cultura; vista desde una partitura melódica, un poema, un buen baile, una obra pictórica, o todo el quehacer del ser humano y el respeto de su identidad cultural. (continuará).
Diana Rosa en el Delio Habanero del Teatro Nacional.

En el Salón Piano Bar Delirio Habanero, la peña de Diana Rosa Suárez, y sus invitados.

La peña de Diana Rosa Suárez, y sus invitados.
