La Habana es una ciudad que seduce, encanta y llena con su magia el corazón. Sus misterios y bellezas han llenado -por más de dos décadas-, cada espacio creativo de la artista de la plástica Mercy Rivadulla, quien nos invita el próximo miércoles 13 de noviembre, a las 4:00 pm, en la Galería Espacio Abierto. Revista Revolución y Cultura (Calle 4 #205 entre Línea y 11, en el Vedado capitalino), a la apertura de su más reciente exposición de pinturas y fotografías “La Habana Siempre... Siempre mi Habana”.
La propuesta dedicada a los 500 años de la fundación de la Villa de San Cristóbal de la Habana es un magnífico regalo que brota de la más fina sensibilidad.
“Mi obra –explica Mercy Rivadulla-, es mi homenaje a esta ciudad donde siempre he vivido, donde estudié, me casé, tuve a mi hija y he trabajado. Esta ciudad mía, con diversidad de estilos arquitectónicos, con múltiples detalles que encontramos cada día; inmuebles que han logrado sobrevivir, que han sido rescatados y restaurados”.
Al preguntarle por qué en sus cuadros refleja siempre la belleza, contesta con absoluta certeza: “Plasmo La Habana que sueño, una ciudad restaurada, conservada y limpia como se está haciendo por parte del Dr. Eusebio Leal Spengler y la Oficina del Historiador de La Habana que tantos esfuerzos y empeño han puesto al florecimiento de esta ciudad; creo espacios donde vibren sentimientos de esperanza, de unión entre todos los humanos para poder compartir así nuestra buena hospitalidad, clima tropical, variada arquitectura y cultura nacional, para no perder la identidad cubana”.
Mercy Rivadulla, cual arquitecta que es, agrupa en sus pinturas los edificios de la ciudad a su manera y gusto. Como diseñadora de memorias, buscando lo que quisiera ver, toma ladrillos de una construcción, fragmentos de un inmueble, campanarios, techos, columnas y gentes, y los coloca en el lugar que ella considera debían respirar.

De esa manera se alzan sus edificaciones en los óleos y acrílicos sobre lienzo, que devienen ante nuestras retinas como espacios mágicos, más allá de estilos, materiales, épocas… por el paisaje, armando una suerte de rompecabezas arquitectónico que moldea su Habana, esa Ciudad Maravilla que pronto cumplirá su aniversario 500.
En sus obras cada espectador se siente identificado, pues como expresó el ensayista, poeta y crítico de arte, Jorge R. Bermúdez: “La Habana de Mercy no es de nadie, porque es de todos. Tal y como ella la ve, terminamos por verla… Y aceptarla. De ahí que se nos haga tan familiar su personal visión de la ciudad, como natural que Martí sea el primero en la cola de los que esperan pasar al Templete el próximo 16 de noviembre, para darle la vuelta a la replantada ceiba, y pedirle otros quinientos años de prosperidad y paz para la capital, que es como pedirlo para toda la nación. La Habana siempre… Siempre mi Habana.”