A los jóvenes de hoy el Héroe Nacional José Martí les señaló con certeza el camino: “La juventud ha de ir a lo que nace, a crear, a levantar…” y en esa idea sublime se encierra el llamado permanente a ir, con la velocidad del entusiasmo juvenil, a infundir vigor, a elevar la energía, a desencadenar iniciativas, a fecundar ideas y estimular la confianza.
Cada 12 de agosto los cubanos encuentran diversas motivaciones en la celebración del Día Internacional de la Juventud, con todas las razones que hacen de esta una de las etapas más bellas y emotivas de la vida, en la cual se definen ideales, objetivos, personalidad y se adquieren conocimientos importantes que se ponen al servicio de la sociedad, con un efecto duradero.
Han transcurrido 20 años desde que la Asamblea General de la Organización de Naciones Unidas aprobara una resolución para marcar una jornada anual como homenaje a la juventud y propiciar un diálogo constante dentro de ella, bombardeada hoy con incontables mensajes subliminales o directos que le llegan por diferentes vías, incluyendo las más modernas, para apartarla de sus intereses y aspiraciones legítimas.
Frente a esos desafíos la juventud cubana necesita, como advirtiera en una ocasión el Comandante en Jefe Fidel Castro, muchos elementos para argumentar y comparar, los que solo se logran con abundante información, debate y lectura sistemática.
Por eso en esta jornada de celebración de los jóvenes, a la que se suma todo el pueblo sin importar la edad, habrá muchas opciones para el disfrute y el esparcimiento, pero también para acercarse a la Historia de la Patria cubana, reflexionar, debatir y profundizar en los conocimientos.
Durante 60 años ha sido decisiva la labor de los jóvenes para hacer todavía mayores esas razones por las cuales sus predecesores estuvieron dispuestos a luchar hasta vencer o morir. Y cuentan en miles los jóvenes destacados que en su tiempo histórico lo brindaron todo por la libertad de la Patria.
Hay que recordar que con solo 23 años Antonio Maceo se incorporó a la Guerra de los Diez Años y a partir de ahí intervino en más de 600 acciones combativas, y Flor Crombet lo hizo con apenas 17 años; José Martí con esa misma edad fue enviado a la cárcel por la valentía de haber escrito, junto a su amigo Fermín Valdés Domínguez, una carta en la que llamaba “apóstata” a un joven que ingresó en un regimiento del ejército español.
Félix Varela tenía 23 años cuando ya enseñaba Filosofía y se mantuvo 9 como verdadero mentor de la juventud habanera; Manuel Sanguily con 21 años pronunció en la Asamblea de Guáimaro en 1869 un fogoso discurso sobre los cubanos negros; Julio Antonio Mella dedicó 6 de sus 25 años a la lucha revolucionaria, precisamente en la última etapa de vida antes de ser asesinado en México. Legó a las futuras generaciones su ejemplo y una frase memorable: “Todo tiempo futuro tiene que ser mejor”.
Cuando se escriba la historia de la resistencia de los cubanos al bloqueo más prolongado y cruel de la historia de la humanidad, habrá que destacar siempre el esfuerzo de la juventud por sobreponerse a los obstáculos, su disposición de marchar codo a codo con sus mayores para hacer avanzar, como calificara el joven Camilo Cienfuegos en su último discurso con solo 27 años, esta Revolución Cubanísima.