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Josué, Floro y Salvador: los frutos no se hicieron esperar |
| Publicado: 2019.06.30 - 09:11:31 / web@renciclopedia.icrt.cu / Ana Rosa Perdomo Sangermés |
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El 30 de junio de 1957, en la intersección de las calles Martí y Corona de la heroica ciudad de Santiago de Cuba, fuerzas represivas de la tiranía batistiana asesinaron a los jóvenes combatientes Josué País, Floromilo Vistel (Floro) y Salvador Pascual.
Había transcurrido exactamente un mes de la resonante victoria alcanzada por el Ejército Rebelde en la Batalla del Uvero. La lucha guerrillera y la lucha clandestina bullían a la par.
Ese último día de junio, cumpliendo órdenes del tirano que se empeñaba en demostrar a toda costa que contaba con el respaldo popular, un grupo de politiqueros encabezados por el sanguinario Rolando Masferrer organizaron en el parque Céspedes de Santiago de Cuba la farsa alarman que denominaron “Mitin de la paz”, alegando que lo de la Sierra Maestra era “puro teatro” y que en la provincia oriental reinaba la calma.
Ante un auditorio movilizado entre lo más despreciable de la escoria social, y concentrado a fuerza de amenazas, alcohol y dinero, los esbirros estuvieron guarnecidos por un cerco de bayonetas y fusiles, y se atrevieron a desafiar a los revolucionarios con gritos de: “¿dónde están los fidelistas?”, “¡que vengan!”, “¡que salgan ahora de sus cuevas!”.
Desde el refugio donde se ocultaba, intrépido y arriesgado, Josué País se preparó a responder al insulto con la acción. Era un joven de solo 19 años, pero cuya audacia y coraje sin límites lo habían llevado a ser protagonista de heroicas hazañas en la lucha clandestina.
Salvador Pascual y Floro Vistel lo acompañaron en el enfrentamiento a los esbirros de la tiranía. Salieron en un auto de alquiler y poco después fueron denunciados por el propio chofer del automóvil, por lo que se desató contra ellos una verdadera cacería humana por las calles de la ciudad.
Acosados en esa esquina, una ráfaga de ametralladora segó las vidas de Salvador y Floro. Aunque los enemigos eran muy superiores en hombres y armas, Josué contestó con el fuego hasta que dos disparos lo hirieron y lo obligaron a caer.
Después se rumoró que el tiro de gracia que le causó la muerte lo había recibido mientras era trasladado en un jeep de la Marina de Guerra hacia el hospital y que hasta su último aliento estuvo dando vivas a la Revolución y a Fidel Castro.
Josué, bajo la certera dirección de su hermano Frank País, se integró a las luchas revolucionarias con apenas 14 años de edad, desde el mismo día del zarpazo del 10 de marzo de 1952 perpetrado por el tirano Fulgencio Batista.
Después del heroico asalto al Cuartel Moncada del 26 de julio de 1953 integró uno de los grupos de jóvenes que se organizaron para estudiar y difundir La Historia Me Absolverá.
Por su destacada participación en las luchas estudiantiles fue elegido varias veces para ocupar el cargo de Secretario Organizador de la Asociación de Alumnos del Instituto de Segunda Enseñanza y allí obtuvo la beca “Heredia”, concedida al mejor expediente del curso.
Matriculó la carrera de Ingeniería Mecánica en la Universidad de Oriente, manteniendo su condición de excelente estudiante, no obstante el tiempo que le tomaban sus actividades conspirativas.
Dio muestras de una valentía extraordinaria, avalada por una larga lista de acciones revolucionarias que ejecutó en las difíciles condiciones de la lucha clandestina. En más de una ocasión fue detenido y golfeado fuertemente, más eso no quebrantó su voluntad, por el contrario se hizo más firme.
Aquel 30 de junio, hace 62 años, el Movimiento 26 de Julio había colocado una bomba debajo de la tribuna del mitin, que no llegó a estallar debido a que los bomberos habían baldeado el parque y, al parecer, habían estropeado el mecanismo.
La explosión de la bomba sería la señal para la salida de los grupos de revolucionarios, que tenían la misión de disparar al aire durante 5 minutos para disolver a los reunidos y poner en fuga a Masferrer y sus tenebrosos “tigres”. El plan comprendía también la colocación de otras bombas en lugares próximos al parque Céspedes.
El ejemplo y el abnegado sacrificio de la vida de aquellos tres jóvenes se recuerdan este día como una de las ofrendas más altas de la juventud cubana a la Patria. La obra presente de la Revolución confirma las palabras que en aquella ocasión escribiera el entonces Comandante Raúl Castro a Frank País, en nombre del Estado Mayor del Ejército Rebelde:
“… Y en una tierra que ha sido abonada con tanta sangre pura, los frutos no se harán esperar”.
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