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En lo más alto, el honor y el coraje de Maceo y Panchito |
| Publicado: 2018.12.07 - 08:48:38 / web@renciclopedia.icrt.cu / Ana Rosa Perdomo Sangermés |
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Era un atardecer hermoso en los campos de Punta Brava cuando el más bravo de los jefes insurgentes, el guerrero del poderoso brazo, Antonio Maceo Grajales acababa de burlar la trocha de Mariel a Majana en la zona occidental de Cuba y se disponía a reunirse con Máximo Gómez en territorio de Las Villas.
El patriota de hazañas portentosas, el revolucionario ejemplar, el antiimperialista vehemente, “el soldado de la libertad, que no tuvo rival en defender, con el brazo y con el respeto, la ley de su república” se encontraba cerca de las 3 de la tarde descansando un poco sobre una hamaca en una tupida arboleda, cuando es sorprendido por las fuerzas españolas, ordena el toque de “a degüello” y se lanza al combate. Lo rodeaban alrededor de 490 enemigos.
Ya Maceo atesoraba en su cuerpo desde el transcurso de la Guerra de los Diez Años unas 24 heridas de bala y de arma blanca, distribuidas por el tronco, los brazos y las extremidades inferiores, fruto de su protagonismo en las diferentes batallas.
De todas se había recuperado totalmente con gran rapidez, lo que le permitió sumarse en poco tiempo a los nuevos combates. Este día, ante la cerca de alambre que le impedía el paso, ordena cortarla y comenta al jinete que marcha a su lado, el General Miró Argenter, “¡Esto va bien!”, las cuales fueron sus últimas palabras.
Pero esta vez su cuerpo es alcanzado por proyectiles que le penetran por el maxilar, fracturándolo y seccionándole la carótida. Las heridas en su cuerpo resultan en ese momento definitivas. Tenía al morir 51 años.
Maceo había conocido a Panchito Gómez Toro, el hijo mayor del Generalísimo, desde su nacimiento. Lo enseñó a sostenerse desde pequeño en la grupa de un caballo, -no obstante sus limitaciones en un pie-, a usar la inteligencia en función del bien, y a emplear el fusil y el machete para combatir al enemigo español. Se lo llevó al campo de batalla, a la insurgente manigua, primero como ayudante y después como valiente capitán.
Quizás por ello esa tarde en que la muerte dejó de ser cicatriz para apoderarse del cuerpo del Mayor General, Panchito prefirió seguir a su lado. Estaba gravemente herido con un balazo en el pecho y otro que le destrozó el brazo izquierdo. Tenía solamente 20 años de edad, pero ni su corta vida lo detuvo en su decisión “por la honra de Cuba” de rescatar a toda costa el cadáver de su querido jefe, que era un paradigma para él.
Sobre el cadáver de Maceo lo vieron caer cuando también fue alcanzado por las balas, pero antes había intentado inútilmente subir el cuerpo ya sin vida del extraordinario jefe mambí a un caballo para sacarlo del campo de batalla. Allí fue rematado a machetazos.
El 7 de diciembre de 1989, a 93 años de la caída en combate de Maceo y el día que Frank País habría cumplido sus 55 años de edad, millones de cubanos rindieron honores mediante la Operación Tributo a los 2 077 combatientes internacionalistas traídos a la Patria, que habían ofrendado sus vidas en tierras hermanas.
Han transcurrido veintinueve años de aquella dolorosa jornada en todo el país y el ejemplo de sacrificio, altruismo y solidaridad de aquellos hombres y mujeres, en su mayoría jóvenes, además de las muestras de amor y evocación de su pueblo, persisten en las actuales generaciones de cubanos.
Cuatro años después de la Operación Tributo, en igual día de 1993, quedó constituida la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana (ACRC), en un acto presidido por Fidel y Raúl, donde fue presentado el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque como su primer presidente.
Sus miembros han sido protagonistas imprescindibles de importantes acciones vinculadas a la libertad nacional o en otros países, en llanos y montañas, donde los convoque la defensa de las causas justas.
Cada 7 de diciembre convergen en pensamiento de los cubanos y amigos del mundo la imagen de los héroes que cabalgan todavía junto al legado y el ejemplo del Titán, con su espíritu de combate y sus legendarios combates y victorias. |
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