
Juan Pedro Baró comenzó a levantar una mansión en el 1919, al costado de una estrecha calle de Avenida Paseo y la Calle 17, en el barrio capitalino del Vedado.
Catalina Lasa fue una de las mujeres de La Habana que en la primera década del siglo XX, destacaba por su belleza en los salones de la alta sociedad, conocida por “La Maga halagadora”, quien, incluso ganó concursos de belleza y era admirada por sus grandes ojos azules y piel de nácar; pero su mayor fama se debe a que resultó la protagonista de una escandalosa historia de amor.
Ella había nacido en la ciudad de Matanzas y contrajo nupcias en 1898, en Tampa, Estados Unidos, con Luis Estévez Abreu. Al concluir la Guerra de Independencia en Cuba, el matrimonio se establece en La Habana.
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Los esposos Catalina Lasa y Juan Pedro Baró.
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Frecuentaba las fiestas sociales con su esposo y en una de ellas conoció al viudo y rico hacendado cubano Juan Pedro Baró, quien quedó profundamente impresionado y enamorado de aquellos ojos azules. De ahí inició una pasión desenfrenada entre ambos y comenzaron a tener citas ocultas.
Los chismes y comentarios no se hicieron esperar, hasta que Catalina se arriesgó a pedir a su esposo la separación, pero éste no quiso aceptar ya que la ley del divorcio no había sido aprobada aún en Cuba. Ella decide irse a vivir con Baró, lo cual le causarían serios contratiempos.
Por los prejuicios de la época y presionado por su familia, Luis Estévez Abreu, mandó abrir un expediente judicial contra su infiel esposa, y dictó su orden de captura por bigamia. Ambos amantes salieron del país secretamente y lograron llegar a Francia por separado donde se unen para marchar a Italia, con el fin de entrevistarse con el Papa, quien escuchó su historia, los bendijo y anuló el matrimonio religioso.
Cuando en 1917 el presidente cubano Mario García Menocal aprobó la Ley de Divorcio en la Isla caribeña, se reconoció la separación de Catalina de su primer esposo. Ese mismo año volvieron a La Habana. Pero aquella increíble historia de amor puro parecía estar maldecida: solo duró cuatro años.
Juan Pedro Baró comenzó a levantar una mansión en el 1919, al costado de una estrecha calle de Avenida Paseo y la Calle 17, en el barrio capitalino del Vedado, inspirado, en sus formas exteriores, en el estilo del Renacimiento italiano, construcción que marcaba un punto de giro en la arquitectura cubana moderna, constituía un nuevo y duradero desafío para la aristocracia. Los célebres arquitectos de la época Evelio Govantes y Félix Cabarrocas proyectan la obra.
Según cuenta la historia, el hecho real es que en 1926 el palacete sería ocupado por Catalina Lasa, una bella mujer con una historia de amor breve y realmente impresionante.
Un exquisito obsequio que incluso, hoy se conserva, le hizo Juan Pedro a Catalina: Sembró en los jardines de la casa una rosa única, nacida de un injerto hecho por floricultores habaneros del jardín El Fénix, y bautizada con el nombre de la enamorada.
Ella enfermó dos años después de instalarse en el palacete y murió en la capital francesa en brazos de su marido desesperado, el 3 de noviembre de 1930. Tenía cincuenta y cinco años.
Existieron muchas especulaciones sobre la causa de su fallecimiento: El certificado de su muerte, archivado en el cementerio de Colón, relata una intoxicación por ingesta de pescado. Otros hablan de un fallo del corazón; mientras hay quienes creen en la posibilidad de una neumonía o cáncer de pecho.
Cuando triunfa la Revolución en 1959, el bello lugar fue ocupado por la Casa de la Amistad Cubano- Soviética y posteriormente pasó a ser administrada por el Instituto Cubano de Amistad con los pueblos como la Casa de la Amistad.