Inmersa en las actividades por su aniversario 500, La Habana exhibe orgullosa su historia y sus costumbres legendarias, gracias a la cuidadosa labor de hombres que dedicaron gran parte de su vida a atesorarlas, cual legado para la posteridad, pero cuya obra trasciende también a toda Cuba.
En la historiografía de la seudorrepública ocupa un lugar de honor el destacado intelectual, costumbrista, sociólogo y periodista Emilio Roig de Leuchsenring, por su firme y consecuente denuncia antimperialista, por su honesta posición en defensa de los intereses nacionales, y por su justa valoración histórica de las figuras, ideas y hechos más sobresalientes de nuestra luchas por la soberanía y la independencia.
Su trabajo por el desarrollo cultural de La Habana lo comenzó al ser designado Comisionado Intermunicipal en 1927, hasta 1935 en que se le designó Historiador de la Ciudad de La Habana y al año siguiente se creó la Oficina del Historiador de la Ciudad. Desde aquí no sólo desarrolló una amplia y acuciosa labor de investigación y divulgación históricas, sino que impulsó y abrió vías para el desenvolvimiento y fomento de la cultura en la capital y en todo el país, con un marcado énfasis nacional.
Como Historiador de la ciudad de La Habana organizó y realizó exposiciones, conferencias, discursos, cursos, homenajes y conmemoraciones de las figuras y hechos de la historia de Cuba y de Latinoamérica; se ocupó de la conservación y restauración de las reliquias históricas y de otras muchas tareas, además de las publicaciones que editaba.
Roig fue un trabajador laborioso e infatigable, que dejó una larga y fecunda trayectoria intelectual. Por más de 50 años sus palabras resonaron en el ámbito cultural nacional, desde la publicación de su primer artículo en 1905, hasta la última obra que quedó inconclusa debido a su muerte en agosto de 1964.
Desde la profunda visión de su tiempo y del futuro escribió cientos de libros, trabajos periodísticos, folletos, ensayos... A su amada ciudad de La Habana dedicó importantes artículos costumbristas como “Los simuladores”, “Costumbres habaneras de antaño”, “Apuntes para un estudio sobre la evolución de las costumbres cubanas públicas y privadas”, “La botella: institución nacional republicana” y “El Caballero que ha perdido su señora”, entre otras muchas.
El mérito mayor de su obra historiográfica fue la profundización, exposición y divulgación del pensamiento antimperialista de José Martí, y la investigación que realizó de las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos, donde denunció la penetración imperialista, buscó sus antecedentes históricos, combatió las tendencias pro-yanquis y resaltó los verdaderos valores de las luchas cubanas por la independencia.
Roig fue un activo promotor de los estudios sobre la villa consagrada a San Cristóbal; de los congresos nacionales de Historia, la Biblioteca Cubana y Americana –a la cual contribuiría junto a su amigo Fernando Ortiz–, actor del noble propósito de crear la Biblioteca Nacional de Cuba y de tantos otros proyectos para no dejar morir el pasado.
Elaboró los "Cuadernos de historia habanera", que constituyeron obras claras, sencillas y de distribución gratuita sobre temas históricos diversos que estuvieron apareciendo ininterrumpidamente en Cuba hasta el año 1962.
Este maestro de historiadores, activista y creador trabajó intensamente en la preservación de los valores más auténticos del patrimonio material y espiritual de Cuba, y principalmente de La Habana. Toda su obra está impregnada del ideario de Martí, Gómez y Maceo. En las múltiples conferencias que ofreció, así como en intervenciones públicas y a través de la radio, explicó la importancia de la Historia y de las justas y valiosas tradiciones populares de Cuba.
La honesta y valiosa labor intelectual de Roig en el campo de la historia fue destacada por Fidel cuando expresó: “En definitiva aquí a nuestro lado está un verdadero maestro de nuestra historia, Roig de Leuchsenring… que ha escrito la historia de los esfuerzos de nuestra nación durante más de un siglo por ser una nación libre, por ser una nación soberana, donde pudiese desarrollarse un pueblo libre y feliz”.
El Día del Historiador Cubano se celebra cada año, en conmemoración a que el 19 de julio de 1935 Emilio Roig de Leuchsenring fue investido como Historiador de la ciudad de La Habana, con variadas actividades que incluyen la entrega de merecidos reconocimientos a historiadores y profesores investigadores de esta materia y se efectúan encuentros para homenajear a aquellos que de manera consagrada velan por la historia, la cultura y la identidad cubanas.