
Cada 8 de noviembre en los actos matutinos de los centros escolares y de labor, en las clases de Historia de Cuba que corresponden en esta fecha, se recuerda con especial sentimiento patriótico aquel feroz enfrentamiento entre cuatro jóvenes revolucionaros y fuerzas batistianas muy superiores en hombres y armas, el combate más intenso de la lucha clandestina, que ocurriera en el apartamento número cinco del edificio de Goicuría 523, esquina a O'Farrill, en la barriada habanera de La Víbora.
Muchas son las maneras de recordar estos sucesos de hace 61 años, ocurridos alrededor de las dos de la madrugada, cuando Ángel Ameijeiras (Machaco), jefe de acción y sabotaje del Movimiento 26 de Julio en La Habana; Norma Porras; Rogelio Perea (Rogito) y Pedro Gutiérrez, protagonizaron una gran resistencia por espacio de casi cinco horas, ocasionándole numerosas bajas a los esbirros, que asaltaron el lugar encabezados por Irenaldo García, Ventura, Martín Pérez, Ricardo Medina y Conrado Carratalá, connotados esbirros.
Los jóvenes clandestinos, ya heridos, agotaron hasta sus últimas balas y fueron capturados vivos, torturados después salvajemente y asesinados, con excepción de Norma que tenía entonces 19 años y estaba embarazada; ella fue la única sobreviviente de aquella masacre, fue llevada a juicio y a la cárcel hasta que triunfó la Revolución. Según los falsos informes forenses y la prensa de la época, los tres aparecían como muertos en un tiroteo.
En homenaje a su ejemplar conducta de revolucionario, a su incansable espíritu de lucha, su valor sin límites y el heroísmo con que se batió frente al enemigo, el Ejército Rebelde le concede a Machaco Ameijeiras, post mortem, el grado de comandante, el más alto de su jerarquía militar. El Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, al conocer de su heroica muerte, desde la Sierra Maestra firmó esa orden militar.
En su corta vida atesoraba un gran historial revolucionario a fuerza de capacidad de trabajo, firmeza, valentía y claridad de sus ideas. Era considerado por sus compañeros y por la jefatura del Movimiento 26 de Julio como un verdadero militante revolucionario. Había participado en numerosas actividades contra la dictadura y en arriesgadas misiones, entre ellas los preparativos de la huelga del 9 de abril, y la edición y distribución de numerosos ejemplares del alegato de Fidel “La Historia Me Absolverá”, llegando hasta el oriente cubano con el preciado documento.
Pertenecía a una familia colmada de combatientes y héroes. Dos de sus hermanos habían caído antes: Juan Manuel, en el Moncada, y Gustavo, en la clandestinidad habanera. Efigenio, era ya un legendario comandante en la Sierra Maestra.
Desde esa cordillera oriental, Radio Rebelde anunciaba al día siguiente al pueblo cubano el ascenso a comandante de Machaco y rendía homenaje "al heroísmo con que se batió durante horas con las fuerzas del tirano, sin importarle el número del enemigo". La alocución finalizaba: "Comandante Ángel Ameijeiras, ante ti se cuadran todos los combatientes del Ejército Rebelde y esperan tus órdenes cuando se acerquen a las calles de La Habana".
En homenaje a él, a Rogito y a Pedro, además de la tarja en el edificio de Goicuría y O’Farrill que este 8 de noviembre amaneció cargada de flores, hay varias escuelas, fábricas, granjas y cooperativas agropecuarias de todo el país con los nombres heroicos de esos jóvenes revolucionarios, quienes hicieron verdad la frase martiana: “Un principio justo, desde el fondo de una cueva, puede más que un ejército”.
|