El joven Comandante del Ejército Rebelde Juan Abrantes Fernández contaba apenas con 24 años de edad cuando perdió la vida el 23 de septiembre de 1959, al precipitarse a tierra la avioneta en la que se trasladaba de Varadero hacia Santa Clara, bajo una fuerte tormenta, específicamente en una zona ubicada entre las localidades de Cascajal y Mordazo.
Su probada entrega a la causa revolucionaria y sus múltiples méritos como combatiente en la lucha en el Escambray lo hicieron merecedor de ese grado militar y de la designación por el Comandante Ernesto Che Guevara como jefe de las Fuerzas Tácticas de Combate del Centro, responsabilidad de alto compromiso y entrega.
Su juventud es un ejemplo a seguir para las actuales y futuras generaciones de cubanos. Siendo estudiante de bachillerato en el Instituto de La Habana se unió con resolución y valentía a las manifestaciones y huelgas en rechazo al golpe de Estado de Fulgencio Batista del 10 de marzo de 1952.
Su permanente rebeldía y su confiablidad a toda prueba lo hicieron luchar,codo con codo, junto a valerosos jóvenes revolucionarios como Joe Westbrook, Mario Reguera, Héctor Rosales y Carlos Figueredo, de quienes la historia guarda merecidas semblanzas.
Con ese aval de anhelos y acciones por la libertad de su Patria se ganó el derecho de estar junto a José Antonio Echeverría y Fructuoso Rodríguez en las luchas universitarias e integrar desde su fundación el Directorio Revolucionario que era, sin dudas, el brazo armado de la Federación Estudiantil Universitaria (FEU).
Practicaba sistemáticamente deportes como los demás jóvenes de su edad, pero sobre todo gustaba del fútbol, por la carga de energía que demandaba de él casi a diario, y por su calidad en el mismo fue seleccionado para el equipo universitario de este deporte, asistiendo a varias competencias de la propia Universidad de La Habana o con otros centros estudiantiles.
Se relacionó de manera fraternal con gran cantidad de estudiantes del recinto y con otros en los que compartía su preferencia deportiva y filiación política. En el propio año de su muerte (1959), se decidió que el Estadio Universitario llevara su nombre en homenaje a sus destacadas cualidades como líder, estudiante, combatiente y deportista, una corta pero fructífera vida sobre la que hay que estudiar mucho todavía y dar a conocer, sobre todo a los más jóvenes.
El Che le tenía gran aprecio y valía, pues lo conocía bien desde las montañas del Escambray, de la Batalla de Santa Clara y de las labores posteriores al triunfo en la fortaleza de La Cabaña. Lo llamaba “el bravo comandante unitario” y al conocer del trágico accidente, expresó conmovido: “... soldado de la unidad revolucionaria, que nos tendió las manos desde el primer día en Las Villas. Su epitafio de héroe será la victoria final del pueblo”. En la despedida del duelo señaló: “Todavía es duro el camino del pueblo. Y cada una de estas muertes, por hondo que cale, tiene que ser ejemplo que revitalice nuestro vigor y mantenernos en el camino para seguir adelante con el pueblo”.
También el comandante Camilo Cienfuegos, quien compartió con él los ideales, la lucha, la resistencia y hasta algunas jaranas, lo valoraría altamente: “Luchó siempre por los ideales de una Patria grande y libre, en su vida hay que buscar ejemplos que imitar".
En este lamentable accidente aéreo murió junto a Juan Abrantes otro valioso compañero, el teniente aviador Jorge Villa Yanes. Ambos por su juventud e ideales son un referente al que habrá que acudir, una y otra vez, cuando se hable de ejemplos de heroicidad y entrega incondicional de la juventud cubana.