
La historia de Cuba registra en sus páginas los atropellos y abusos de los Voluntarios de La Habana. Pero…. ¿qué era esta institución? ¿Quiénes la integraban? Realmente, y utilizando una denominación actual, se trataba de un grupo paramilitar que se formó en 1811 por orden del Gobernador y Capitán General de Cuba, Salvador de Muro y Salazar, Marqués de Someruelos (1799-1812) y después, en 1550, se reconstruyó para defender y proteger al Gobierno español de la invasión de Narciso López.
En 1868, al acontecer el Grito de Yara, el ejército español marchó al monte a combatir a los mambises, mientras que el Cuerpo de Voluntarios quedó encargado de “mantener la paz, el orden y la disciplina, al precio que fuere necesario”, integrado por empleados de almacenes, tiendas, en su mayoría jóvenes solteros que venían a América a hacer fortuna. Hombres de poca educación, apegados a la botella de vino y prepotentes en su ignorancia.
Al Cuerpo de Voluntarios se le debe crímenes, abusos y tropelías de todo tipo, no se debe desvincular, como a veces sucede, al Gobierno español y sus instituciones militares. Todos, todos fueron cómplices, culpables de las acciones criminales que en todos los sectores de la sociedad cubana cometió esta horda de asesinos, cuyos episodios de barbarie no pueden ser opacados por ningún gesto aislado de determinada personalidad española en la historia.
El ruido de las panderetas no podrá silenciar el ruido de los fusiles que asesinaron a los ocho estudiantes de Medicina, los que asaltaron el teatro Villanueva y asesinaron a familias inocentes, y el macabro ruido del torniquete asesinando patriotas, ni el llanto de las hermanas Boza, asaltadas, asesinadas ellas y sus hijos y robadas sus joyas por una tropa del ejército español, los quejidos de los que morían de hambre durante la reconcentración del Gobierno colonial español, y una larga lista de excesos que guarda la historia del pueblo cubano.
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