

Eran las cinco de la madrugada del 13 de mayo de 1919 cuando nació en un pueblo rural de Santa Clara (unos 276 kilómetros de La Habana), Domingo Germán De la Torre Vergantiño, hombre de bien y de trabajo, con mucho amor para dar y recibir todavía.
Patriota de pura cepa y amante del prójimo y su familia, celebró sus 96 años de vida, junto a los vecinos donde vive en la calle C, casi esquina a Zapata, en el citadino reparto de El Vedado. Allí conocí algunas iniciativas y expectativas en la comunidad para festejar en grande su siglo dentro de cuatro calendarios; sin embargo, por aquello de las primicias, aposté por la entrevista para Radio Enciclopedia.
Con perfecta dicción al hablar en bajo tono y tras preguntarle, ¿Qué recuerda de su barrio natal?... lo primero que me dijo fue: “Usted puede preguntarme lo que desee, tengo la memoria perfecta y desde todos los puntos de vista: cronológico, histórico, geográfico. Nací en Santa Clara, en medio de la llamada “danza de los millones” de aquel año 1919, que no duró un año, así que el tiempo de bonanzas, luego de mi nacimiento, lo disfrutamos muy poco en la familia. Después llegó la llamada “moratoria” y figúrese, a partir de ese momento todo el trabajo que pasaríamos para la alimentación en el hogar, comiendo harina, o lo que se pudiera conseguir. Para estudiar ya no se le podía pagar a la maestra que iba a la casa una vez a la semana. Solo le compartíamos, muy humildemente lo que teníamos para comer y era poco.”
Domingo es muy querido en el barrio de residencia; aprecio ganado por su conducta ejemplar, civismo y noblezas sostenidas. A cuatro años para el siglo de vida pude apreciar que posee admirable memoria biológica. Recuerda con precisión todos los nombres, fechas, locaciones y episodios personales, de la historia del país y del mundo.
- ¿Podría acercarme a su familia?
“Si, perfectamente. Tuve la dicha de tener padres maravillosos. Muy buenos padres, fundamentalmente la familia que heredé de mi madre en Santa Clara, fue una preciosa y muy digna familia. Mi madre, Juana Vergantiño y Rojas, era hija de la cubana Julia Rojas Pérez y el asturiano, Miguel Vergantiño, ingeniero de profesión. Así que soy cubano, nieto de asturiano, con mezcla de judíos, también. Fue mi abuelo materno quien decidió emigrar hacia la capital del país por sus trabajos de ingeniería. Con él vinimos todos y nos radicamos aquí en La Habana, hasta hoy”
- Repasando algunos pasajes de su longeva vida y gracias a la ayuda de algunos vecinos supe de sus consagraciones militares… ¿Alguna relación con la Segunda Guerra Mundial… Es cierto?
“Sucede que a raíz de la Segunda Guerra Mundial, durante los primeros días de septiembre de 1939, con veinte años de edad, entro en la reserva, con la disposición de participar en la guerra si era necesario. Allí recibimos todo el entrenamiento y la preparación militar y fui alistado, como se decía entonces, pero no nos mandaron. Luego de 1945 seguí en el ejército, pero caí preso por mis desacuerdos reiterados con la dictadura de Fulgencio Batista. Al triunfar la Revolución, en enero de 1959, fui miembro de la Seguridad del Estado, del Ministerio del Interior, (MININT, por sus siglas). Posterior a 1959 he trabajado en el MININT y en la Empresa Cubana de Electricidad hasta que me jubilé. Soy combatiente de Playa Girón”.
Sus recuerdos laborales, familiares, sentimentales fluyen de la memoria en lúcidas cascadas que no terminan; aunque en breve pausa, detuvo la mirada en la mía y dijo en voz aún más baja, cual secreto compartido entre los dos: “Hoy que vivo el primer día de mis 97 años debo confesarle que también fui, modestia aparte, un caballero muy decente, honrado, noble, romántico, de buen vestir y muy enamorado”.
- ¿Muchas novias en el camino?
“No tantas y te contaré. En una de las frecuentes visitas que hacía al habanero Teatro Martí fui, durante el intermedio de treinta minutos, a tomar café en la cafetería de la esquina del teatro. Allí se me acercó una joven muy bella, ¡muy hermosa! La miré y ella bajó la cabeza. Luego le pregunto: “desearía tomarse un helado, por favor”. No lo aceptó, pero su negación fue seguida por otras preguntas que provocaron el diálogo:
-¿Usted estaba en la función del teatro?, pregunta ella…
-Sí, le dije con inmediatez
-¿Entre todas las actrices y bailarinas cuál fue la que más le gustó a usted? -La que hizo La silueta, esa me fascinó, me hechizó…
-¿Desearía conocerla?, preguntó la joven y no se habló más. Todo quedó así hasta que terminó la función. Cuando salió se identificó conmigo. Era ella esa silueta que me conquistó al verla sobre las tablas. Esa silueta cautivadora y preciosa, fue mi esposa, Ignacia Marina, madre de mis tres hijos y abuela de mis nietos. Vivimos un matrimonio divino durante 60 años, hasta que ella murió. Soy su viudo”
- ¿Ignacia Marina se mantuvo en el teatro como actriz y bailarina después de casada con usted?
“Realmente no y debo reconocer que fue por mis celos. Yo era muy celoso. Ella por complacerme tuvo que dejar el teatro. Además, luego vinieron las giras internacionales que precisaban alejarse de la casa, del hogar. No deseaba que se fuera lejos del hogar, lejos de mí, realmente fui muy celoso. La adoré hasta el final de sus días. Nos adoramos los dos.
- Domingo, este 13 de mayo está de fiesta. Es día para recuerdos hermosos, gratificantes de su vida longeva… ¿Cuáles son sus más hondas huellas de vida, esas que siempre van con usted? … Por ejemplo, las huellas de su familia…
“La educación, el ejemplo dado y el amor que me profesaron padres y abuelos, fundamentalmente mis abuelos maternos”
- ¿Las huellas de su esposa?
“La lealtad, la fidelidad, la consagración y el amor de pareja maravillosa. Me enamoré intensamente de ella y fue correspondido mi amor. Era muy patriota y adoradora de Cuba, mi amada Ignacia Marina”
- ¿Las huellas de su Patria, de Cuba?
“Pude abandonar mi país desde muy joven. Oportunidades siempre sobraron. Hoy, con mis 96 años, aún pudiera hacerlo; pero no lo hice de joven y no lo haré nunca. Yo amo a mi país. Aquí me siento libre, seguro, protegido, bien atendido y muy cómodo. En Cuba me siento muy bien y feliz. Este trece de mayo de 2015 he celebrado mis 96 años de vida, con auténtica felicidad. Adoro a Dios y a mi Patria y a mi Cuba, la adoro.”