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Día Internacional de la Concientización respecto al Ruido |
| Publicado: 2018.04.24 - 15:30:25 / alinaig@enet.cu / Alina Iglesias Regueyra |
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Desde el 24 de abril de 1996 destaca un día singular pero necesario para llamar la atención, fundamentalmente, de las más jóvenes generaciones sobre un acuciante problema: la invasión del ruido en nuestras vidas.
¿Y qué es el ruido? Es el sonido carente de armonía, ritmo o melodía; sonido azaroso, aleatorio que intranquiliza a quien escucha, al carecer de significado. También es cualquier sonido con más decibeles que los necesarios para una escucha coherente, que daña los órganos auditivos, o aquellos susurros persistentes que dificultan una comunicación, ya sea una transmisión de información o una simple conversación. Es decir, todo aquello que no discurra con una lógica y un sentido común en un contexto dado, se considera ruido.
Sin embargo, en referencia a su intensidad, debe decirse que demasiado alto molesta y provoca daños en el oído medio e interno, por tanto es un asunto delicado y urgente de manejar cuando se trata de salvar uno de los más preciados sentidos humanos, el de la audición, según los médicos: el primero en sentir incluso desde antes de nacer y el último en apagarse durante el proceso de la muerte.
Con demasiada frecuencia vemos a personas con audífonos insertados dentro de los oídos, generalmente escuchando música a un nivel tal, que quienes nos encontramos a más de dos pasos podemos identificar el autor, el intérprete y el título de la obra al momento.
Esto es peligroso pues poco a poco disminuye el umbral de percepción del sonido, es decir, el oído se va acostumbrando a esos niveles y reduce su capacidad de recepción de los más agudos. Se deja de disfrutar, por ejemplo, de las notas de un violín o una flauta, de la voz de los niños, del sonido del mar. Para conocer la opinión ajena habrá que exigir gritos, y poco a poco la desesperación hará presa en nosotros.
Esos detalles que pasan inadvertidos en el vivir cotidiano, se van haciendo cada vez más recurrentes, hasta llegar a la sordera irreversible; entonces el problema ya no tendrá solución.
Los científicos alertan sobre un mundo futuro de sordos donde los implantes cocleares o ciertos dispositivos cibernéticos del mañana sustituirán el sentido de la audición de la mayoría de las personas, debido a la inmensa contaminación por ruido que existe en muchos lugares del planeta en la actualidad.
Discotecas, locales de alquiler para fiestas, plazas públicas, patios de escuelas y universidades, celebraciones familiares, locales y hasta patrias, ostentan los mayores niveles de ruido, en competencia unos con otras. Nadie parece percatarse del peligro: ni padres, ni maestros, en ocasiones ni las autoridades.
Mas el exceso de ruido no sólo afecta el sentido como tal, sino provoca daños neurológicos adyacentes que desembocan en estados de permanentes cefaleas, migrañas, trastornos del sueño, fatigas, perretas infantiles y hasta eventos de epilepsia en personas altamente hipersensibles a otros rangos, como los infrasonidos.
El ruido puede impulsar trastornos de hipo o hipertensión en personas con cardiopatías evidentes u ocultas, náuseas y hasta desmayos, sin contar con los efectos nada deseables en la psiquis de quienes ya están dañados por enfermedades neurológicas o psiquiátricas, como el mal de Alzheimer, Parkinson, la esquizofrenia o el síndrome bipolar.
¿Cómo solucionar el desbarajuste? Con lógica, respeto y consideración. Con inteligencia y razonamiento. Con buen trato y sosiego. Es difícil pero poco a poco puede lograrse. La mayoría de las personas necesita información para realizar su propio análisis personal, en solitario, y tomar la decisión de abandonar el ruido como vía de identificación individual, a veces incluso reconocido falsamente como un rasgo étnico o nacional.
Promover el ruido no puede ser una manera de vivir o de manifestar nuestra alegría o descontento, nuestras emociones. Tampoco puede ser una manera de convocar a ninguna acción o actividad. Existen otros canales más civilizados que el llamado salvaje del ruido. Seamos civilizados, prolonguemos nuestra alegría con salud, bienestar y buena conducta. Un futuro sin el ruido y sus perjuicios es posible aún.
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