
Como cada 5 de septiembre, el pueblo cienfueguero rinde homenaje este jueves a los mártires del levantamiento popular armado que ocurrió ese día de 1957.
Estudiantes de las enseñanzas primaria y secundaria asaltan simbólicamente, rememorando los hechos de aquel amanecer, lo que fuera el Distrito Naval del Sur (hoy Museo Histórico Naval), el Ayuntamiento Municipal (sede de la Asamblea Provincial del Poder Popular) y el colegio San Lorenzo (hoy Escuela 5 de Septiembre).
La peregrinación marcha desde el parque José Martí, en el corazón mismo de la ciudad de Cienfuegos, hasta el cementerio Tomás Acea, donde reposan los restos de los caídos en las acciones, y se levanta el obelisco que perpetúa la heroicidad de aquella gesta. Allí se depositan flores de múltiples colores, se entona en alto el himno sagrado de la patria y se rinde tributo a la Bandera Nacional, la de la estrella solitaria, por la que dieron su vida valiosos hombres de este pueblo.
No por reiterada, cada año esta conmemoración adquiere matices y alcances nuevos ante el compromiso de seguir siendo el bastión de resistencia y heroísmo, como lo fue hace exactamente 62 años.
En aquel levantamiento sus protagonistas fueron los combatientes del Movimiento 26 de Julio (M-26-7) y los marinos sublevados del Distrito Naval del Sur, quienes tomaron la guarnición naval de Cayo Loco y entregaron las armas a los revolucionarios, para protagonizar una de las gestas más heroicas de los años previos al triunfo del primero de enero de 1959.
Prácticamente durante todo el día la ciudad quedó en poder de la población armada, guiada por el M-26-7 y Julio Camacho Aguilera, jefe militar del levantamiento, pero al no realizarse los levantamientos previstos en otros lugares del país, las fuerzas batistianas arremetieron contra los sublevados.
A la acción heroica se sumaron las masas populares, lo que posibilitó que llegaran a ocupar casi la totalidad de la ciudad y se enfrentaran heroicamente a los bombardeos y al hostigamiento de un enemigo, superior en hombres y armamento, pues el tirano Batista envió como refuerzo un ejército equipado con artillería, tanques y aviación.
Los sublevados resistieron hasta el 6 de septiembre en aquellas horas de heroica entrega. Del grupo de marinos que permaneció combatiendo sitiado, no hubo sobrevivientes; todos fueron fusilados en plena vía pública. Si no hubo más víctimas, fue gracias a la acción solidaria de la ciudadanía cienfueguera que ayudó a escapar de la represión a los combatientes, entre ellos, el destacado revolucionario Julio Camacho Aguilera y otros jefes de la sublevación.

El propósito era tomar las armas que allí guardaban y abrir un frente de guerra en el Escambray. Oficiales de la Marina de Guerra, separados de ese cuerpo armado a causa del desacuerdo con el gobierno batistiano, se habían acercado en julio de de ese año al responsable del Movimiento 26 de Julio en Santiago de Cuba, el destacado joven y jefe revolucionario Frank País, para conspirar y cambiar la situación.
Sería solo Cienfuegos la encargada de hacer valer los planes acordados y lanzarse a las calles en busca de la ansiada libertad.
Es poco conocido que en La Habana también se producirían algunas acciones armadas ese día. Estaba previsto que el Palacio Presidencial sería cañoneado desde una fragata situada en la bahía habanera, pero miembros de la Marina traicionaron a los revolucionarios. Como resultado de la represión que se desencadenó, cayeron combatiendo valiosos revolucionarios capitalinos como Armando Gamboa, José Ramón Fuentes, Raúl Maricuello, Alfredo Sánchez y Félix Ernesto La Guardia.
Tiempo después el Comandante en Jefe Fidel Castro, al referirse a la heroica acción del pueblo contra la dictadura batistiana, expresó: "El levantamiento popular de Cienfuegos significó un aliento moral extraordinario para los combatientes de la Sierra Maestra”.
La ciudad cienfueguera quedó bañada en sangre, debido a la agresividad con que respondieron a esa acción las fuerzas del régimen. En la memoria imperecedera del pueblo, sobre todo de sus niños y jóvenes que reeditan hoy el levantamiento, permanece la historia de heroísmo y audacia que, una vez más, supieron escribir los cubanos con su sangre aquel 5 de septiembre y que hoy se continúa defendiendo.
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