Choco, un talento innato de las artes |
| Publicado: 2019.10.14 - 17:02:42 / web@renciclopedia.icrt.cu / Marta Veloz |
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A los 13 años de edad, maleta de madera en mano, un abrigo y cinco pesos, llegó a La Habana solo, desde el oriente de Cuba, el niño Eduardo Roca Salazar, con muchos dibujos hechos en sus libretas escolares y un telegrama que decía que había aprobado las pruebas para estudiar becado en la Escuela de Instructores de Arte, en el residencial reparto de Miramar. Allí sus compañeros le bautizaron “Chocolate”, debido a su tez muy morena. Este 13 de octubre, cuando cumplió 70 años, el ya famoso pintor y grabador cubano, es reconocido mundialmente hace décadas, por su obra acuñada con el nombre artístico “Choco”.
Aquel adolescente santiaguero, que entre sus once hermanos, descolló con inquietudes artísticas, se graduó de la Escuela de Instructores de Arte, y de la Escuela Nacional de Arte, se licenció en Historia del Arte en la Universidad de La Habana, y ha realizado una importante labor docente en esa especialidad en instituciones cubanas y en el extranjero, a lo largo de su carrera artística.
Tiene más de 30 exposiciones personales y otras tantas colectivas en su país natal y en relevantes galerías del mundo. En Cuba, su obra se atesora en las más prestigiosas fundaciones culturales como el Museo Nacional de Bellas Artes, el Consejo Nacional de las Artes Plásticas, el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau, y en instituciones de la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana.
Fuera de fronteras se pueden apreciar en Chicago, los Estados Unidos; en el Museo de la Estampa, en el DF, Méjico; el Museo Kochi, en Japón; la Fundación Miró, en Palma de Mallorca, España; como parte de la colección privada de Cesar Gaviria, en Colombia; en la Fundación Ludwing, en Alemania, y en centros culturales de Suecia, entre otras plazas.
Dentro de su producción artística, destacan tanto en Cuba como en Japón, España y los Estados Unidos, sus habilidades casi exclusivas en la Colagrafía, técnica de grabado, que Choco comenzó a trabajar en su tierra desde 1980. Juntando disímiles materiales de desecho de diferentes texturas, fundamentalmente telas, que procesa con técnicas específicas, crea las más atractivas estampas, que le han valido ser considerado por expertos, “maestro” del grabado contemporáneo.

A esta altura de su creación, de más de 50 años, llega con el honor de haber recibido en el 2017, el Premio Nacional de las Artes Plásticas, máximo galardón que otorgan el Consejo Nacional de las Artes Plásticas y el Ministerio de Cultura de Cuba, por su valioso aporte al desarrollo de las artes visuales y su consagración en la nación caribeña. Y en el recién concluido IX Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), efectuado en septiembre del año en curso, Choco fue electo miembro de su ejecutivo.
Otros lauros concedidos en su patria, donde único él dice que puede crear, son la Orden por la Cultura Nacional, en 1995, por su creativo intelecto artístico, además de merecer premios cimeros por dibujos y grabados presentados en diferentes certámenes nacionales.
En el ámbito internacional vale destacar el Gran Premio IV Trienal Instituto de Grabado de Japón; el Primer premio en la Bienal de Grabado de Kochi, Japón, y la Medalla de Honor Salón de Gráfica, en Bulgaria.
No obstante, cuando siete años atrás le preguntaron en una entrevista en la televisión nacional si en Cuba había tenido todo el reconocimiento que merece su talento, su tenacidad y su trabajo, Choco contestó: “Mira, no sé si falta un poquito más, pero lo que si te puedo decir de corazón, es que la gente, la gente de pueblo, el cubano común y corriente, como se le dice, me reconoce, me mima y me dice muchas cosas lindas y yo siento que ese es el reconocimiento más grande que a lo mejor yo merezca”.
Y la vida demostró que sí hay un poquito más, que siguen llegando gratitudes para este artista, que actualmente representa en el ejecutivo de la Uneac al gremio que tanto lo ovacionó, y que continúa siendo agasajado en todos los escenarios, por la maestría que muestra en sus pinturas, esculturas y grabados, que llevan el sello afro que caracteriza una buena parte de su cosecha.

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