
Se equivoca la muerte, Celia/ si cree acabar con tanta vida/ y se equivoca la vida/ si cree que te vence con la muerte
Poema de Francisco Díaz Sánchez.
Celia nació en la oriental Media Luna el 9 de mayo de 1920 y fue inscrita con el nombre de Celia Esther de los Desamparados Sánchez Manduley. Cuentan que era de carácter recto y de disciplina absoluta. Y tal vez una de sus más grandes virtudes haya sido la sensibilidad ante los problemas de los más necesitados.
Asunción Salazar Mesa quien compartió labores con ella durante años llegó a confesar en una exclusiva al sitio Cubahora que Celia “estableció que aunque fueran de aquí, de las ciudades o del campo, había que buscarles una solución inmediata, se comunicaba con las provincias y se metía aquí, allá y pedía: “analízame el caso este, aquel o tal otro”, sino decía: “mira a ver si puedes ayudar porque estoy muy sensibilizada con esto que está planteando (…) ya estábamos prendidos a esas enseñanzas y modo altruista de actuar -dejar ir a alguien sin atenderlo, imposible-, pedía que se le atendiera y si no ella misma lo hacía, en eso siempre fue ejemplo. Cuando Fidel volvía con la frase: “Dejen a Celia”, ya no la cuestionaban más porque tampoco tenía recursos para resolverle todos los problemas a la gente, al verla a ella sensibilizada, y más los que estábamos junto a ella, comprendíamos la importancia de su exigencia y modo de dar, hacer y actuar”. (1).
Celia supo combinar dotes de combatiente revolucionaria, política e investigadora. Su presencia marcó la historia del Movimiento 26 de Julio en las batallas que condujeron al triunfo revolucionario de 1959. Trabajó con Frank País en la articulación de la red clandestina de campesinos que contribuyó a la supervivencia guerrillera.
En las montañas de la Sierra Maestra, estuvo muy cerca de la heroína Vilma Espín Guillois, junto a ella acudió a la primera reunión nacional entre los líderes revolucionarios de la sierra y el llano. También junto a la gran Haydée Santa María cumplió varias misiones.
A esas labores se une su responsabilidad en la creación del histórico pelotón Mariana Grajales, integrado solo por mujeres.
Fue el intelectual cubano Armando Hart quien en el discurso de despedida de duelo de Celia, el 11 de enero de 1980, proclamara que fue y es “la flor más autóctona de la Revolución”.
Ella para el historiador Eusebio Leal fue “no la sombra, sino la luz para Fidel”, y para la periodista e investigadora Nidia Sarabia Hernández, “hubo en su vida personal y política como conspiradora, guerrillera y creadora, todo un espacio de incalculables resonancias, su esencia como la más perfecta, sencilla y decidida para llevar a cabo las obras que dirigió en toda Cuba”.
Dicen que tras el 1ro. de enero del 59 no hubo obra social que no tuviera su presencia. Decisivo además fue su papel en la creación de la Oficina de Asuntos Históricos del Consejo de Estado en 1964, en la secretaría del Consejo de Estado, en el Parlamento, en la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), y en cada sueño revolucionario.
Notas
(1). Fragmento de entrevista tomado de: La ternura de Celia, de Daniel Guerra Domínguez (2017). Disponible en: http://www.cubahora.cu/historia/la-ternura-de-celia-entrevista-inedita