Calle Enramadas mayor
novia de nuestra ciudad
populosa arteria principal
de mi Santiago
....Así es la Calle más primorosa
la más hermosa
de mi Santiago...
Esta estrofa de una popular interpretación del conjunto cubano Son 14 constituye la carta de presentación de una bella avenida en la oriental ciudad de Santiago de Cuba, rincón de declaraciones amorosas, de historia, esparcimiento y, por qué no, en ocasiones, refugio al cotidiano quehacer hogareño. En sus casi tres siglos de existencia siempre ha sido fiel reflejo de la vida en la urbe tradicional.
Aunque en el de cursar de los años ha sufrido constantes transformaciones, sin embargo, jamás ha perdido ese encanto maravilloso que otrora le convirtiera en el lugar “preferido” de aquellas damas que ataviadas con anchos vestidos de holanes, sombrero y pañoleta, paseaban con aire solemne junto al galán de bigotes atusados, traje de levita y clavel en el ojal.
Hoy, ya la avenida no ostenta enramadas de pencas de palmas que no solo le dieron esplendor y belleza, sino también el nombre. Las arcadas que antaño mitigaban el abrasador calor santiaguero desaparecieron al igual que las volantas y quitrines.
Con los nuevos tiempos Enramadas se transformó en esa avenida en la que nadie puede sustraerse al inefable placer de pasear “calle arriba y calle abajo”. El pasado y el presente al fundirse han hecho de ella un símbolo de Santiago.
Pero, ¿esta calle siempre se llamó así? No, desde luego que no. Allá por el siglo XVII se le conocía por la Calle Ancha dada su mayor amplitud en relación con las estrechas y tortuosas callejuelas abundantes en la ciudad. Varios comerciantes establecidos en ella decidieron, con la ayuda de los vecinos y cuadrillas de negros esclavos, convertirla en la principal arteria de la villa. Pencas de palma llenas de verdor no tardaron en cubrir toda la calle que, de inmediato, devino lugar de recreo para toda la población. Algunos comercios levantaron columnas de pencas junto a sus puertas con lo que nacieron las hermosas arcadas bajo las cuales paseaban orondas las parejas de enamorados.
Numerosos esclavos bajo la severa vigilancia de los capataces eran encargados de renovar constantemente las pencas resecas por el sol y la intemperie. Cuenta la tradición que en la segunda parte del siglo XVIII un incendio de grandes proporciones provocado por un puesto ambulante en ella situado motivó la intervención de las autoridades que ordenaron “el retiro de las enramadas y empalizadas”. La avenida fue despojada de todos sus adornos naturales, pero el pueblo continúo llamándola por el cariñoso nombre de Enramada. Desde entonces, han transcurrido dos centurias en los que ella ha atesorado, celosa, pequeños rasgos de los días lejanos de nuestros abuelos.
José Antonio Saco es su nombre oficial, empero, todos prefieren el de Enramadas. Generación tras generación siempre la ha llamado así. Una febril actividad late en esta admirable avenida en la que automóviles, ómnibus y camiones se deslizan calle abajo, mientras hermosas mujeres “cual coqueta luna escarlata” engalanan la “arteria principal de mi Santiago...”