Claudio José Domigo Brindis de Salas fue uno de los violinistas cubanos más famosos de todos los tiempos. (Habana 1852-Argentina 1911). Su padre del mismo nombre fue un músico famoso. De padres negros, desde niño se aficionó a la música y a los 8 años de edad compuso una danza y a los diez ofreció un concierto de violín con gran éxito, a los 17 años era un notable violinista y marchó a Francia, ingresando en el Conservatorio de París. Con el primer premio del Conservatorio, comienza una triunfal gira por Europa y América. Posteriormente se radica en Berlín, Alemania y contrae matrimonio con una alemana de la alta sociedad con la que tiene dos hijos, violinistas también.
En Europa, por sus méritos artísticos, es condecorado como Caballero de la Legión de Honor, se le concede el título de barón, así como la Gran Cruz de Isabel II, se le designó músico de cámara del Emperador y se hizo ciudadano alemán. Fue llamado el “Paganini cubano”. Pero no olvidemos, y generalmente se olvida, una sabia sentencia que asegura que “quien sobre su fama duerme, se despierta desnudo”.
Entre paréntesis, deseo mencionar al violinista matancero José White, el creador de la habanera La Bella Cubana, el que además del violín tocaba guitarra, flauta, contrabajo, cornetín, trombón, un músico de perfil ancho y que, como Brindis de Salas era negro, y también logró romper a golpes de genialidad las barreras raciales existentes.
Regresemos a Brindis de Salas cuya fama comenzó a decaer a partir de 1900 y su salud a resentirse, abandonado por las glorias pasadas, decide refugiarse en su querido Buenos Aires donde muere pobre, abandonado y cargado de condecoraciones, medallas y su ciudadanía alemana….”La fama, nos dice José Martí, suele ser tan vocinglera como esquiva e injusta”. En Mayo de 1930 sus restos fueron traídos a Cuba y sepultados en el panteón de la Solidaridad Musical de La Habana.
Si para algo deben servir estas anécdotas, es como sabios consejos o advertencias, para los que hoy disfrutan de transitorios triunfos musicales, políticos, administrativos, comerciales etc. sabiendo que los que hoy te rodean, te halagan, te aplauden, te sonríen, mañana te darán las espaldas, no dispondrán de tiempo para visitarte, harán una mueca cuando te vean pasar, entonces quizás haga su aparición un viejo amigo al que olvidaste en tus tiempos de gloria, y que ahora está en disposición de escuchar como rumias tu amarga experiencia y las decepciones vividas y por vivir, y comprobar el silencio de tu hogar, como tu teléfono ya no suena, nadie te llama, nadie te necesita….aunque también estoy convencido que “nadie escarmienta por truene ajeno”.
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