La Batalla de Guisa para la toma del cuartel y el poblado de igual nombre en la zona oriental de Cuba se había iniciado el día 20 de noviembre de 1958, como parte de la ofensiva final del Ejército Rebelde, y se venía desarrollando en medio de fuertes combates contra las tropas batistianas.
Habían pasado siete días de batalla. El joven capitán Braulio Coroneaux, con los hombres bajo su mando, ocupó por orden de Fidel la posición al oeste de la carretera, que se extendía hasta la cima de la Loma del Martillo, situada en una posición estratégica que dominaba la entrada y salida principal a Guisa. En el momento más intenso del combate, la posición del bravo jefe rebelde es localizada por un tanque M-4, que la cañonea sin cesar, hasta lograr que un potente disparo del blindado destrozara su trinchera, donde muere heroicamente junto a otros dos combatientes el día 27 de noviembre de 1958.
El veterano capitán acumulaba una amplia trayectoria combativa desde El Jigüe, Pino del Agua y otros poblados. Defendió en esta ocasión valientemente su puesto de combate con su ametralladora 50, por donde no pudieron pasar los tanques enemigos, tal como le había prometido a Fidel.
Un mensajero llevó la noticia hasta el máximo líder guerrillero: “Un Sherman mató a Coroneaux”. En su rostro se reflejaba el dolor de haber perdido a un ser muy querido y lo ascendió póstumamente al grado de Comandante.
Fidel siempre tuvo una gran confianza en Braulio Coroneaux por la valentía, seguridad en sí mismo y gran habilidad y precisión para manejar las ametralladoras, a tal extremo de que en medio del nutrido fuego de un combate podía reconocer, entre todas, el arma del combatiente por sus disparos característicos, y decía con alegría: “Ese es Coroneaux”.
En uno de sus encuentros con el pueblo de Guisa, años después del triunfo revolucionario, el Comandante en Jefe recordó con mucho respeto al querido capitán rebelde:
“En una loma que jugó un papel importantísimo en esa batalla, el compañero Coroneaux hizo construir unas 200 trincheras, para defendernos en distintas posiciones. Y desde esa loma los nuestros solo con fusiles impidieron que los tanques y la aviación enemiga pasaran por aquella carretera… fue una gran pérdida… pero nadie se amilanó”.
Aquel combatiente de solo 29 años, cuyo nombre completo era Braulio Eustasio Curuneaux Trimiño, era de una procedencia muy humilde, había nacido en la zona guantanamera de El Salvador y debido a la precaria situación económica en que vivía, se incorporó al ejército gubernamental, de lo único de que se arrepentía de su pasado. Llegó a alcanzar el grado de sargento y combatió contra los atacantes al Cuartel Moncada el 26 de Julio de 1953, cuando era uno de los responsables de la defensa de la fortaleza.
Pero Coroneaux en la madrugada de ese día del Asalto, a riesgo de su vida, se negó a participar en los asesinatos de los revolucionarios y no ocultó su condena a aquellos crímenes, por lo que poco después el jefe de la fortaleza lo acusó de un falso hecho delictivo y fue condenado a prisión en la cárcel de Boniato de donde se fugó junto a otros combatientes el 30 de noviembre de 1956 durante el alzamiento de Santiago de Cuba y se unió posteriormente al Ejército Rebelde. Comprendió a tiempo de qué lado debía luchar, hasta convertirse en uno de los más admirados oficiales entre los rebeldes.
Hoy, la antigua Loma del Martillo, que defendiera con la vida, ostenta su nombre. Hasta allí llega cada 27 de noviembre una de las más solemnes tradiciones de Guisa, convertida ya en patrimonio del poblado. Espontáneamente niños, jóvenes y adultos suben con flores hasta su tumba, en impresionante fila, para rendir tributo a quien fuera, sin lugar a dudas, uno de los más destacados combatientes de la batalla de Guisa.