Tony, como era conocido entre sus compañeros y familiares, estaba muy próximo a cumplir sus 28 años de edad, en pleno desarrollo de su vida y de sus sueños, y hacerlos realidad.
Se había empeñado durante muchos años en prepararse a fondo para asumir las más difíciles misiones, primero en la clandestinidad como miembro de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, luego durante los entrenamientos en México para la lucha guerrillera en Cuba y finalmente como miembro de las Tropas Especiales del Ministerio del Interior, atendiendo a su disposición para el sacrificio y su certera visión sobre la lucha revolucionaria.
En mayo de 1967 tuvo la oportunidad de asumir una importante misión internacionalista en Venezuela y saciar así sus ansias de justicia social y libertad de los pueblos hermanos. Una vez cumplida la primera fase de la misma, fue capturado como resultado de una delación y asesinado con un disparo en el rostro, en medio de un amplio despliegue militar.
Momentos antes había expuesto a sus captores en los interrogatorios las razones de su lucha, sus convicciones y la profundidad de sus ideales con la misma fortaleza con que había sido educado por sus padres, fervientes luchadores contra la tiranía de Machado y los gobiernos neocoloniales de la época, de quienes aprendió a luchar contra el abuso y la dominación.
En los días previos a su salida de Cuba, Antonio Briones Montoto escribía a su hermano: "… y salgo con una fe extraordinaria, sé que la vida de guerrillero es dura, llena de sacrificios, pero tú sabes que estoy dispuesto a luchar todo el tiempo que sea necesario y si fuera preciso no regresar más a Cuba, hasta que se libere el último país".
Así era la convicción solidaria e internacionalista de este joven habanero, nacido en el Diezmero el 24 de junio de 1939, un hombre de tez muy blanca, alto, de ojos claros, buen porte, que vestía humildemente, pero con una elegancia natural, incluso su uniforme.
Quienes le conocieron recuerdan su disposición y su firmeza, su entrega incondicional a todas las tareas, su exquisita discreción, su entusiasmo juvenil, su amplia sonrisa, su lealtad y entereza.
Diez días después de su asesinato, en las páginas del diario Granma, una nota del Comité Central del Partido expresaba: “Si fuese cierta la noticia de que el joven cubano Antonio Briones Montoto cayó de dos balazos en la cabeza… nuestro partido y nuestro pueblo se solidarizan profundamente con su gesto altruista, revolucionario, internacionalista y heroico”.
A sus hijos, como a su pueblo, dejó un profundo legado de fidelidad sin límites y de confianza total en la victoria cuando les señaló el camino inclaudicable de la Revolución y la necesidad de serles fieles hasta las últimas consecuencias.
Su ejemplo irradia hasta nuestros días y es tomado con frecuencia como referencia del heroísmo de la juventud cubana en diferentes momentos de la historia patria.
A la distancia de 52 años, este 8 de mayo no faltará la rememoración sobre su corta pero fructífera vida, unido al compromiso por continuar batallando en la defensa de Cuba y de todas las causas justas del mundo.