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Amanecer de verde olivo en el heroico Santiago |
| Publicado: 2018.11.30 - 08:53:34 / web@renciclopedia.icrt.cu / Ana Rosa Perdomo Sangermés |
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El reloj apenas marcaba las siete de la mañana de aquel viernes 30 de noviembre de 1956 y cerca de 200 santiagueros, en su mayoría jóvenes, se lanzaban a las calles de la indómita ciudad oriental vistiendo por primera vez el traje verde olivo, el brazalete rojo y negro del 26 de Julio y portando fusiles en sus manos, a la par que gritaban consignas enardecidas: ¡Viva Fidel! ¡Viva la Revolución! ¡Abajo Batista!
Así se iniciaba el Levantamiento Armado de aquella gloriosa jornada concebida para apoyar el desembarco de los 82 expedicionarios que viajaban en el yate Granma liderados por Fidel y que habían salido del puerto mexicano de Tuxpan cinco días antes para ser libres o mártires.
El destacado líder revolucionario clandestino Frank País, guía e inspirador de la acción, hacía poco se desempeñaba como Jefe Nacional de Acción por orden de Fidel y había preparado el Levantamiento junto a otros destacados jóvenes revolucionarios a nivel de cada detalle, con vista a que el factor sorpresa y la acción al unísono los condujera a lograr el objetivo planteado de distraer la atención de las fuerzas del régimen y sirviera como apoyo al desembarco.
Así comentaba Frank lo acontecido aquel 30 de noviembre:
“La ciudad amaneció bajo un tiroteo general. Armas de todos los calibres vomitaban fuego y metralla. Alarmas y sirenazos de los bomberos, del cuartel Moncada, de la Marina. Ruido de aviones volando a baja altura. Incendios en toda la ciudad. El ejército revolucionario dominaba las calles y el ejército de Batista pretendiendo arrebatarle ese dominio. Los gritos de nuestros compañeros, secundados por el pueblo, y mil indescriptibles sucesos y emociones distintas”.
“La población entera de Santiago, enardecida y aliada a los revolucionarios cooperó unánimemente con nosotros. Cuidaba a los heridos, escondía a los hombres armados, guardaba las armas y los uniformes de los perseguidos; nos alentaba, nos prestaba las casas y vigilaban el lugar, avisándonos de los movimientos del ejército. Era hermoso el espectáculo de un pueblo cooperando con toda valentía en los momentos más difíciles de la lucha”.
Los heroicos miembros del Movimiento 26 de julio Pepito Tey, Tony Alomá y Otto Parellada derramaron su sangre durante el asalto a la Estación de Policía, en la Loma del Intendente, en las mismas calles santiagueras que los vieron crecer, reír, estudiar, trabajar. Poco conocen todavía sobre ellos las nuevas generaciones. Pepito Tey era maestro, graduado de la Escuela Normal para Maestros de Oriente; Otto Parellada se desempeñaba como trabajador de la Compañía Eléctrica y Tony Alomá era obrero de obras públicas, todos de un origen muy humilde.
Aunque el objetivo fundamental del Levantamiento no pudo cumplirse por el atraso en la llegada del Granma al punto acordado de las costas cubanas, el alcance de la acción revolucionaria comandada por Frank País hizo estremecer los cimientos del régimen batistiano, avivó la llama libertaria que no se apagaría hasta el triunfo del Primero de Enero de 1959 y confirmó la capacidad y el prestigio que ya había alcanzado el movimiento revolucionario, apoyado por su pueblo.
La mejor lección de aquel día estuvo en el valor, el ejemplo, la fidelidad y las ansias de libertad de sus protagonistas, que se lanzaron a las calles santiagueras dispuestos a darlo todo por la libertad de Cuba, páginas de gloria que se sumaron a las que la historia cubana atesora de sus hijos.
Aquel traje verde olivo que vio la luz con la alborada del 30 de noviembre, subió a la Sierra, libró importantes combates, avanzó triunfante hacia la victoria y hoy, a la distancia de 62 años, continúa su histórica altura siendo portado por hombres dignos y fieles revolucionarios que integran las honrosas instituciones armadas cubanas, en la defensa permanente de las conquistas de la Patria.
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