

A Alicia
Por: Alejo Carpentier
Alondra, albatros, alción
Libre, en cielo nuevo
Ícaro mujer
Cielo alcanzado por ti
Ingrávida, sin caída de Ícaro caído
Alicia, en cielo despejado.
Al futuro de tu patria vuelas
Ley de elevación y andar por nubes
Obra tuya, sin embargo, es este mundo
Nuevo, joven, tuyo,
Sobre una Revolución que también fue tuya
Olvidada de tinieblas.
París, 1972
Solo el verdadero artista es capaz de estremecer y comunicar lo sentido mediante el uso de su talento. Un maestro del arte es quien deleita a otros e inspira a nuevos creadores.
A esa estirpe pertenece la Prima Ballerina Assoluta, Alicia Alonso, quien hoy celebra su 98 cumpleaños. Con su quehacer la intérprete ha logrado calar en lo más hondo de nuestra historia, pues como dijo en una ocasión el poeta José Lezama Lima: “Lo más sutil y profundo de nuestra historia, se aclara con su arte incomparable”.
Pero, ¿cuál es la trascendencia de esta mujer para la cultura cubana? ¿Por qué su permanencia e impronta? Alicia Alonso es uno de los más sólidos paradigmas de la danza en Cuba y el mundo. Su nombre es sinónimo de lo mejor del ballet mundial; con su estilo ideó y consolidó no solo una técnica defendida por ella magistralmente, también una escuela de ballet que es orgullo de la nación cubana.
Recientemente confesó en una entrevista que el paso del tiempo no ha frenado sus deseos de bailar, ya que la danza es para ella su “vida entera”, algo tan primario y vital “como respirar”.
La gran entrada de esta bailarina a la historia del ballet comienza como por casualidad o por simple destino. El 2 de noviembre de 1943, en el Metropolitan Opera House de Nueva York, Alonso sustituyó en el personaje Giselle a la extraordinaria Alicia Markova, la cual no pudo bailar, y el papel fue asumido por la joven intérprete cubana- para los balletómanos un momento mítico y de gran significado en la historia de la danza mundial. Desde ese instante la impronta de Alicia Alonso quedó indeleblemente unida a la del personaje de la inocente campesina convertida en Willy.
De esta manera la artista inicia su relación con el personaje, actuación que trasciende el ámbito artístico para crear un mito en la danza.
La encarnación de Giselle por Alicia Alonso ganó el favor del público y la crítica, a lo largo de los años, se declaró su interpretación como magistral, virtuosa y llena de perfección como la de ninguna otra bailarina.
A partir de esa actuación su carrera fue ascendente y Alonso se hizo mundialmente famosa con este personaje y otros. En el American Ballet recreó significativos papeles como el de la obra de Anthony Tudor llamada Undertow y en Theme and Variations de George Balanchine, una de sus más grandes creaciones.
Entre 1955 y 1959, Alicia bailó cada año con los Ballets Rusos de Montecarlo como estrella invitada. Fue la primera bailarina del hemisferio occidental en actuar en la entonces Unión Soviética y la primera representante americana en bailar con el Bolshoi y el Kirov en los teatros de Moscú y San Petersburgo en 1957 y 1958 respectivamente.
Durante décadas Alicia Alonso siguió haciendo giras mundiales en países europeos, en Asia, en el norte y sur de América y bailó como estrella invitada en el Ballet de la Ópera de París, con el Royal Danish Ballet, con el Bolshoi y con otras muchas compañías.
Ha representado sus versiones de Giselle, el Grand Pas de Quatre y La Bella Durmiente del Bosque para la Ópera de París entre otras. También ha llevado a escena Giselle en la Ópera de Viena y en el teatro San Carlo de Nápoles, en Italia; La Fille Mal Gardée en la Ópera de Praga y La Bella Durmiente en el Teatro alla Scala en Milán.
Alicia Alonso no se cansó de bailar y de crear, con su lenguaje de luz y misterio esculpió y marcó personajes trascendentales en el ballet como la inocente campesina enamorada, el difícil doble rol del cisne blanco y negro o la sensual gitana.
De este último personaje -Carmen-, me adscribo a lo que expresó el Premio Nacional de Literatura de Cuba en 2014, Eduardo Heras León: “Tal vez el mejor elogio que pueda hacerse de Alicia en Carmen es decir que, a pesar de todo, este ballet fue creado para ella. Ella es Carmen, la Carmen tropical que nos cuenta su historia y revive la tragedia andaluza durante cuarenta y cinco minutos inolvidables”.
Cuando vemos en una grabación bailar a Alicia Alonso no damos cuenta de que en cada composición, con cada paso, en cada giro o cada movimiento, la artista posee la rara virtud de mostrarnos per se el misterio de la danza.
La entrega de Alicia al ballet no solo ha sido interpretativa sino que ha logrado perfeccionar aspectos técnicos y coreográficos siempre con el sumo cuidado en el argumento y el estilo del ballet original como es el caso de Giselle o El lago de los cisnes.
Pero si estás razones no bastaran para demostrar la huella indeleble de esta bailarina en la cultura, entonces argumentaría que ella tiene algo muy importante: el cariño del pueblo que reconoce a una artista medular en donde se asienta la cultura del mayor archipiélago de las Antillas, pues ella convierte en poesía a la danza.