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Alfredo Muñoz, un apasionado de la música |
| Publicado: 2019.06.20 - 13:38:31 / miguel.dario@renciclopedia.icrt.cu / Miguel Darío García Porto |
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Desde niño sus sueños han sido grandes y su mente ha querido explorar lo más inasible del ser humano. Cuenta que fantaseaba con ser piloto de la aviación civil, aunque su padre lo inclinó al estudio del piano. Sin embargo, el momento decisivo de su vida fue a los 11 años al escuchar al violinista ruso Leonid Koghan, quien estuvo en La Habana por esa época y con su actuación conmovió a este infante de tal manera que se enamoró para siempre del violín.
Esta historia de anhelos y descubrimientos es la de uno de los más grandes violinistas vivos que hay actualmente en Cuba, el maestro Alfredo Muñoz –incansable y activo intelectual, tanto en el repertorio que asume en calidad de solista, en su aguda mirada pedagógica, como en el difícil arte de la música de cámara–, quien celebra hoy, 20 de junio, su cumpleaños 70, con una feliz memoria y una prodigiosa vitalidad que entrega a la cultura cubana.
“En mi vida he hecho muchas cosas. Cincuenta años de graduado de nivel superior de la Universidad de las Artes. He compartido con mi esposa, Vicky (María Victoria del Collado), el dúo Promúsica –que tiene casi cuatro décadas de fundado– la música de cámara y el mundo de la enseñanza: han sido los caminos por los que he transitado”.
Para calibrar la impronta que ha dejado el dúo Promúsica en nuestras salas de concierto, resulta esclarecedora la opinión del compositor cubano de fama mundial, el maestro Leo Brouwer, quien los denomina con su especial calificativo: “Promúsica, eje y bisagra de la música de cámara en Cuba”.
Tal denominación se debe a la sabia y rigurosa lectura de las partituras, el control instrumental y la búsqueda de la intención musical de su líder, el maestro Alfredo Muñoz, que los distingue en el escenario, y aunando a eso la sui géneris intimidad del dúo que le permite obtener grandes ganancias artísticas en las piezas que interpretan.
De esa experiencia vital en la música de cámara se ha nutrido su enjundioso magisterio, que ha sido aprovechado por los alumnos de los conservatorios Amadeo Roldán, Alejandro García Caturla y la Universidad de las Artes de Cuba.
Es necesario destacar que bajo la égida de este notable violinista cubano se han formado varias generaciones de intérpretes que han logrado colocarse en los primeros atriles de orquestas de fama internacional.
Con este notable intérprete pudimos conversar en exclusiva para Radio Enciclopedia y de ese encuentro, compartimos algunos momentos:
Maestro, usted es un infatigable artista, y dedicarse durante tantos años a la música de concierto en Cuba resulta, en ocasiones, una tarea muy ardua, de grandes sacrificios y lo he visto sudar la camisa –literalmente– en los ensayos ¿Cuál es la razón de esa perseverancia?
“Una amiga muy querida dice que soy un loco apasionado de la música y casualmente la hija de mi maestro de violín me dijo, hace poco, lo mismo: 'tú eres apasionado', y es así, me gusta lo que hago y lo siento como una necesidad, creo que es el papel que me toca jugar. Si me gusta la música y toco violín debo tratar siempre de hacerlo lo mejor posible y estudiar más aunque tenga 70 años porque esa es mi razón de ser”.
¿Por qué esa insaciable búsqueda de repertorios?
“Me gustan los retos y hemos buscado eso, durante 37 años, con el dúo Promúsica. Nosotros tenemos un repertorio que está llegando a las 200 obras, de formas grandes.
“De Piñera hemos hecho el fonograma Órficas, que obtuvo premio en Cubadisco. Son nueve piezas que llevan, realmente, dos discos. Hemos hecho 18 bartokianas, piezas inspiradas en Béla Bartók, 20 prokofianas, siete tríos de (Dmitri) Shostakóvic, todas revisadas por el maestro Piñera, de quien estrenamos en Costa Rica su concierto para violín, piano y orquesta. Asumimos esos retos que nos traen las nuevas obras con gusto y trabajar o compartir con un compositor como él es para un músico un placer, porque estás en un barco rompehielos abriendo cosas interesantes”.
En usted la enseñanza no es simplemente un trabajo, sino que se ha convertido en un espacio necesario de saberes y descubrimientos que permite la retroalimentación.
“Si pongo en una balanza lo que me enseñaron mis maestros y lo de mis alumnos, pesa mucho más lo que me han enseñado mis estudiantes.
“Se aprende mucho enseñando, al maestro se le abren otras visiones cuando se acerca a un nuevo discípulo. En la vida real te cuesta mucho trabajo escribir, pero como estás alfabetizado quieres enseñarle a escribir a otra persona y vas a tener que buscar todos los recursos que tus maestros tuvieron contigo y tus padres también para transmitir ese conocimiento o, por el contrario, algo te fue muy fácil y no pasaste trabajo para aprenderlo, sin embargo, te encuentras con un alumno que le es difícil, pues tienes que de nuevo estudiarlo y meditar el asunto. Una vez tomé un violín al revés para poderlo tocarlo con la mano derecha y pasar el arco con la izquierda para entender lo que yo estaba enseñando en aquel momento en el nivel elemental. Ese es el encargo del maestro: estar en el lugar del otro, comprender su visión y ayudarlo a transitar su camino”.
Sueños, proyectos…
“Uno a veces dice: 'me voy a jubilar porque ya tengo 70 años'. Eso es mentira. Mañana uno encuentra una partitura que te entusiasma y te mueve a seguir. Hay otro trío del compositor checo Bohuslav Martinů que sería interesante tocarlo.
“Voy a parafrasear a Leo Brouwer: el ser músico es como una conga que sale de aquí y atraviesa los Urales y sigue para adelante, no tiene final porque uno quiere ser músico y le gusta”.
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