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Adéntrese este verano al conocimiento del sistema de fortificaciones de La Habana |
| Publicado: 2019.07.22 - 14:12:44 / miguel.dario@renciclopedia.icrt.cu / Miguel Darío García Porto |
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Se acercan los 500 años de La Habana y, con las celebraciones, el tributo de quienes cada año le demuestran su amor. Cientos de familias acuden por estos días al proyecto veraniego Rutas y Andares para descubrir una ciudad viva que necesita de su gente para conservar sus valores y trazar su futuro desde el conocimiento y puesta en valor de su pasado.
De esos espacios destaca la Ruta especial Sistema defensivo de La Habana colonial, que nos acerca a las principales fortalezas que conformaron el sistema para la defensa de la ciudad, declarado, en 1987, junto al Centro Histórico, como Patrimonio de la Humanidad por la Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
Cada viernes, a las 10:00 a.m., se realiza un recorrido por una de las fortificaciones más emblemáticas de la ciudad: el Castillo de San Salvador de la Punta, la Real Fuerza, el Castillo del Morro, la Fortaleza de San Carlos de La Cabaña y el Castillo de Atarés.
El pasado 19 de julio, tuvimos la oportunidad de acercarnos al Castillo de la Real Fuerza, el más antiguo exponente de la arquitectura militar abaluartada conservado en Cuba, y para muchos especialistas en toda América, al datar su construcción del año 1577.
“El Castillo de la Real Fuerza es la primera fortaleza levantada en América –explica el director de los Museos Arqueológicos de la Oficina del Historiador, el doctor Antonio Quevedo Herrero–, y su emplazamiento es privilegiado ya que está en un lugar de fundaciones, es decir, al hablar de la Fuerza se debe hacer la historia de cómo vivieron en La Habana sus pobladores en el siglo XVI”.
Situado muy adentro en el litoral del puerto de La Habana, ocupa casi un frente de la Plaza de Armas y según asevera el especialista: “nunca fue considerado un elemento militar clave para la defensa de la villa, pero por otra parte, inspiraba seguridad a la joven población que crecía a su alrededor”.
Fue construido sustituyendo al de la Fuerza Vieja (1540), que fuera destruida durante el asalto a La Habana por el corsario francés Jacques de Sores en 1555 y se construyó por encargo de la reina de España al gobernador de la Isla, Hernando de Soto.
“Esta fortaleza constituye el preámbulo del vasto plan de fortificaciones que emprendió la metrópoli en el área del Caribe para proteger el recorrido de la flota española por diversas ciudades marítimas y comerciales”, ilustra Quevedo Herrera sobre el contexto en que nace la estructura.
Destaca del Castillo de la Real Fuerza su planta, formada por un cuadrado perfecto de poco más de 30 metros de lado en cuyo centro posee un pequeño patio, responde a los moldes establecidos en el Renacimiento, basados en la proporción clasicista: la regularidad, el orden y la perfección geométrica.
“Rodeada de un amplio foso, al interior de la fortaleza se accede mediante un puente de madera –refiere el historiador y subraya: “en su cubierta se emplearon por primeva vez en La Habana bóvedas de cañón”.
Después de terminada la obra se le realizaron sucesivas ampliaciones en planta alta hasta llegar a ocuparla en su totalidad y comenta el guía que unas respondieron a necesidades de la guarnición y su comandante, otras a demandas de los gobernadores, quienes comenzaron a habitarla a partir de 1590.
“Entre éstas se destaca la torre-campanario erigida hacia 1632 sobre uno de los baluartes, rematada por una veleta de bronce en forma de mujer, llamada La Giraldilla –quizás como referencia a la Giralda de Sevilla–, realizada por Jerónimo Martín Pinzón, la obra escultórica más antigua de Cuba, y que constituye el símbolo más antiguo de la ciudad”.
Otra obra importante que nos encontramos en el Castillo es el escudo imperial, tallado en mármol blanco, que desafía el paso de los siglos sobre la puerta de entrada de tierra.
También durante la visita al Castillo de la Real Fuerza nos acercamos a tres importantes exposiciones que se exhiben en sus rejas: la maravillosa muestra fotográfica sobre el Vasa, buque real sueco hundido el 10 de agosto de 1628, un coloso de los mares que al navegar mil metros el día de sus botadura se hunde y que fue rescatado el 24 de abril de 1961 y se encuentra expuesto en el museo homónimo en la isla de Djurgården en Estocolmo.
Además la exposición Azulejos portugueses. Diálogos contemporáneos, en la que los artistas reinterpretan cinco siglos de historia de esa técnica a través de la innovación y actualización de los lenguajes, pero preservando técnicas ancestrales y que en La Habana es toda una evocación a ese gusto de la época colonial cubana por decorar las casas con azulejos bellamente decorados.
También nos adentramos en una exposición abierta desde este 11 de julio, que forma parte del año Rembrandt, bajo el auspicio de la Embajada de los Países Bajos y la Oficina del Historiador de La Habana, y que se exhibirá durante todo el mes agosto.
La propuesta nos acerca al mítico pintor y grabador holandés, del que conmemoramos los 350 años de su fallecimiento, acaecido el 4 de octubre de 1669.
La historia del arte considera a Rembrandt como uno de los mayores maestros barrocos de la pintura y el grabado, siendo con seguridad el artista más importante de la historia de Holanda.
La aportación de este genio a la pintura coincide con lo que los historiadores han dado en llamar la edad de oro holandesa, el considerado momento cumbre de su cultura, ciencia, comercio, poderío e influencia política.
Sus dibujos y pinturas fueron siempre muy populares, gozando también de gran predicamento entre los artistas, y durante 20 años se convirtió en el maestro de prácticamente todos los pintores holandeses.
Entre los mayores logros creativos de Rembrandt están los magistrales retratos que realizó para sus contemporáneos, sus autorretratos y sus ilustraciones de escenas bíblicas. En sus autorretratos, especialmente, encontramos siempre la mirada humilde y sincera de un artista que trazó en ellos su propia biografía. Y a esa mirada nos podremos acercar todos los que nos lleguemos hasta las rejas del Castillo de la Real Fuerza.

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