De la presencia de la mujer en la historia visible de la humanidad, mucho queda por hablar y hacer justicia. Considerada por siglos un animal doméstico, impedida del voto hasta la pasada centuria, y aun hoy en muchos países maltratada en el hogar, y en la sociedad pagada por el mismo trabajo con un monto muy inferior al de los hombres, fue asombrosa su presencia inicial en los predios suecos para recibir el Premio Nobel en varias disciplinas.
Dos años después de la instauración del galardón en 1901, este le fue otorgado a la polaca Marya Sklodowska, más conocida por Marie Curie, quien lo mereció en Física (1903) y Química (1911), así como luego su hija Irene Joliot Curie en Química (1935). Ella inició el camino que otras mujeres han seguido al brillar en materias científicas o humanistas.
Hace treinta años, en 1986, una científica italiana se alzó con el reconocimiento al descubrir el Factor de Crecimiento Nervioso, muy útil por su empleo para paliar, retrasar o minimizar enfermedades neurodegenerativas como el mal de Alzheimer, por lo cual en la actualidad se siguen investigaciones, todavía después de la muerte de su descubridora en 2012.
Rita Levi Montalcini es el nombre de esta insigne mujer, que recibió el galardón junto a Stanley Cohen, autor del hallazgo del Factor de Crecimiento Epidérmico, empleado en quemaduras para regenerar la piel.
Ella nació en Turín en 1909, de una madre talentosa para las artes plásticas y un padre ingeniero, apasionado de las matemáticas, cuyo rigor y prejuicios le impidieron impulsar a las hijas en un principio hacia la alta formación académica, como sucedió posteriormente, muy a su pesar, cuando Rita matriculó medicina en la universidad de su ciudad natal.
La carrera de Rita fue interrumpida por el avance fascista y entonces trabajó como médica para la Resistencia y los aliados. Paralelamente, comienza a hacer experimentos en un improvisado laboratorio montado en su propio dormitorio, a escondidas, con embriones de pollo, proyecto que continúa tras la II Guerra Mundial, al ser contratada en la Universidad Washington de St. Louis, Estados Unidos, donde permanece por 30 años.
Así descubre el Factor de Crecimiento Nervioso (NGF), con cuyas posibilidades experimenta hasta completar un corpus que le merece el Premio Nobel en 1986.
Pero antes, en 1962, ya su prestigio como doctora en ciencias le permitió establecer una unidad de investigación en la capital italiana, y desde 1969 hasta 1978 dirige el Instituto de la Biología de la Célula, del Consejo Nacional Italiano de la Investigación, igualmente en Roma. Aunque su retiro oficial ocurre en 1979, continúa su labor en el centro.
En 1999 es nombrada embajadora de la FAO. Además posee, entre otras distinciones, el Premio Internacional Feltrinelli de Medicina, por Italia; y el Golden Plate Award, de la Universidad de Texas, y la Silver Cup, de la Universidad de Washington, por los Estados Unidos.
Afectada por la huella que dejó el Manifiesto para la Defensa de la Raza, emitido por Benito Mussolini en 1936 para segregar legalmente a los ciudadanos italianos no arios, en una entrevista para El País en 2005, Rita expresó: “La manipulación genética no debe ser utilizada. No tenemos derecho a hacer nacer bebés a la carta. No es aceptable fabricar niños con los cabellos rubios, los ojos verdes, tal característica o tal otra. Eso va más allá de los límites de la moral. Lo rechazo absolutamente”.
Rita Levi Montalcini fallece a los 103 años, aunque siempre se declaró una joven de 20. De una recia formación ética, sorprenden sus frases ocurrentes y simpáticas que animan a otras investigadoras a seguir su camino, incluso a aquellas no tan jóvenes: “Mantén tu cerebro ilusionado, activo, hazlo funcionar, y nunca se degenerará. (…) La clave es mantener-curiosidades, empeños, tener pasiones... El cuerpo se me arruga, es inevitable, ¡pero no el cerebro!”
Imagen tomada de: EBRI (European Brain Research Institute RLM)
http://www.ebri.it/en/categorie/1_rita_levi_montalcini_2_remembering_rlm
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