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Carlos Juan Finlay.
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Desde el 15 de enero de 1960 se celebra esta fecha como el Día de la Ciencia Cubana. Para algunos parece increíble que un país tan pequeño haya dado tantas glorias al mundo en este campo.
Tan sólo mencionar a Carlos Juan Finlay, nombrado Benefactor de la Humanidad al descubrir, en la hembra del mosquito Aedes Aegypti, el agente transmisor de la fiebre amarilla, que diezmaba la población en siglos pasados, es razón para ello.
Día favorito para recordar también a personalidades y obras, como las de Tomás Romay, médico y humanista de los siglos XVIII y XIX, quien destacó en disciplinas como medicina, química, higiene, educación y cultura en general, considerado el iniciador del movimiento científico en Cuba, al introducir la vacunación en la nación antillana. Fundador de la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, el nombre de Felipe Poey y Aloy se inscribe en la historia como uno de los más grandes investigadores cubanos y profesor de una enorme cantidad de disciplinas en el campo de las Ciencias Naturales.
Un científico cubano destacado por sus aportes a la botánica lo fue Juan Tomás Roig, en específico resalta aún hoy su estudio minucioso de las plantas medicinales, con valiosa literatura al respecto. Álvaro Reynoso fue otro nombre que brilló en las ramas de la química, la agronomía y la tecnología industrial; por su labor ha sido considerado el padre de la agricultura científica cubana.
Antropólogo, malacólogo y zoólogo cubano, Carlos de la Torre Huerta inscribió su nombre en la historia de la ciencia insular como célebre investigador y reconocido profesor universitario. Discípulo de Felipe Poey, coleccionó el muestrario más completo de especies terrestres de moluscos en Cuba.
A pesar de ser alemán, Juan Cristóbal Gundlach se valida ampliamente como científico cubano por haber dejado enjundiosos estudios sobre la fauna del archipiélago. Practicó exitosamente la disección y la taxidermia y creó el primer museo de zoología de Cuba. Integró la Sociedad Económica de Amigos del País de La Habana, el Liceo de Matanzas y la Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana, además de sociedades extranjeras de prestigio.
Ángel Arturo Aballí Arellano fue un relevante pediatra en la historia de la medicina cubana. Doctor y profesor, destacó como médico de las primeras edades de vida. Con su nombre fue bautizado uno de los hospitales pediátricos de La Habana.
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Pedro Kourí.
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Joaquín Albarrán es otro médico cuyo nombre ostenta uno de los hospitales habaneros. Según los conocedores, su obra científica en el campo de la Urología lo consagra como uno de los más importantes especialistas de esa disciplina a escala mundial.
Pedro Kourí fue un prestigioso médico e investigador con cuyo nombre fue bautizado el Instituto de Medicina Tropical cubano (IPK), encargado de investigar las posibles vías de curación para males como el VIH-SIDA y el Dengue, y validar tratamientos. Este centro posee importantes resultados en el campo de la vacunación contra la tuberculosis y las infecciones meningocóccicas, entre otros éxitos, logrados en estrecha unión con el Centro de Ingeniería Genética y Biotecnología de Cuba, que cumplirá 30 años de fundado en julio venidero. Tanto el sabio como el Centro de investigaciones que lleva su nombre, son referentes en el ámbito científico internacional.
Mas no sólo las ciencias exactas celebran su día en Cuba. Recordando a importantes personalidades de las ciencias sociales y humanistas del patio, vale mencionar a los primeros que nos guiaron en el pensamiento: Félix Varela, Enrique José Varona y Antonio Bachiller y Morales, académicos de peso en la introducción, práctica y exigencia del método científico en las aulas e instituciones cubanas.
Francisco de Arango y Parreño fue un abogado, comerciante y economista cubano de inicios del siglo XIX, que promovió y luego dirigió la Sociedad Económica de Amigos del País. Sus reformas incluían la aplicación de la ciencia a la economía y la agricultura con el objetivo de hacer avanzar al país y aprovechar mejor sus recursos.
Tampoco puede pasarse por alto la personalidad de Alfredo Miguel Aguayo Sánchez, doctor en Pedagogía y en Filosofía y Letras. Aunque era puertorriqueño de nacimiento, dejó su huella en numerosas generaciones de maestros en Cuba durante más de treinta años, como profesor de distintos niveles de enseñanza y autor de artículos y libros de texto para la educación.
José María Chacón y Calvo, doctor en Derecho y en Filosofía y Letras, dejó una encomiable labor en varias especialidades como la abogacía, el periodismo y el magisterio, y está considerado como un eminente erudito cubano.
Desde el pasado 11 de enero, Día del Ingeniero Cubano en honor al ilustre Francisco de Albear y Fernández de Lara, quien dotó de agua potable a la capital del país con su excelente acueducto multipremiado internacionalmente hace más de cien años, tienen lugar en todos los centros científicos de Cuba, encuentros de investigadores, científicos, innovadores y tecnólogos en una Jornada Científica Nacional de celebración, con la discusión de trabajos y resultados destacados.
La virtuosa labor de los científicos cubanos, evidente en aportes creativos para solucionar dificultades y prioridades en las diversas esferas de la sociedad, los destaca en la creación de productos para la exportación, pero también para la sustitución de importaciones en las esferas de la ciencia, la tecnología y el medioambiente.
En la actualidad el 53 % de los científicos cubanos son mujeres.